TRIBUNA
Reminiscencia y memoria a los difuntos
No está fuera de lugar que en la víspera del Día de Difuntos, creencia arraigada y fiesta tan preciosa en la que españoles y europeos manifiestan su memoria a los antepasados, tenga ocasión de recordar sentimientos que he vivido en otro lugar con igual coincidencia e identidad de gestos y ademanes a pesar de no ser de la misma creencia. Es mi experiencia en la lejana y legendaria China.
Si quisiera dar puntos por los atributos del pueblo chino, su irrefutable valoración sería el espíritu de entrega generosa de alma hacia sus ancestros y antepasados. Sus sentimientos están impregnados de fiel bienvenida de cumplimiento.
Con justa y equilibrada investigación se verán argumentos y razones de veracidad y credibilidad que dentro de la mentalidad del pueblo chino no hay creencia que pueda ser superada por el amor y afecto a los antepasados. Mi vivencia es prueba de esa creencia.
El pueblo chino es una raza cumplidora del amor y respeto a sus antepasados. Con un breve conocimiento de su culto y ritos, se ve que sus arraigados sentimientos son los honores a los difuntos delante de las tablillas de los ancestros.
Las tablillas, de unas 12 pulgadas de largo y 3 de ancho con sencilla y normal exornación tienen fecha de nacimiento y nombres de los familiares difuntos apuntados en un papel en la parte de atrás.
Las tablillas, hechas de madera normal con valor insignificante son objeto de respeto, cariño y afecto al ser consideradas una muy apreciada y valiosa reliquia por el sentido que encarnan y simbolizan. Tablillas, que se conservan durante tres generaciones para luego ser depositadas las que correspondan a un templo.
No menos digna, es la mesita para «las tablillas» y el sencillo, sin lujo y bien decorado altar con dos pebeteros y centro para las ofrendas.
El altar con sus ofrendas de alimentos para la realización de ceremonias puntuales y ocasionales es prueba del cariño y respeto a los antepasados. Altar, que el único fin es recordar los nombres inscritos en las tablillas. Altar adornado con los pebetes humeantes despidiendo y esparciendo el olor fragrante, símbolo de admiración ante los ojos atónitos de los huéspedes y asombro de los extranjeros.
El pueblo chino es de los que más honra y venera a sus antepasados. Este generoso espíritu es enaltecido por su rasgo de peculiaridad y singularidad, que es el respeto mutuo compartido con los demás aunque sus creencias sean diversas. Mi creencia siempre fue respetada.
El pueblo chino acepta y acata con respeto la creencia libremente elegida de cada persona. Nunca han existido conflictos e intransigencias por diferencia de creencias, a no ser las suscitadas con radicalidad por gobiernos de dinastías y sistema actual. Esta tradición y creencia del pueblo resistió y aguantó los primeros ataques de la implantación del sistema actual. Sus hornacinas en los hogares que es el hueco en forma de arco donde colocan la estatua de su dios preferido para rogarle por sus antepasados, no puede faltar. Lugar que embellece el ambiente de la casa junto al par de jarrones con flores, pebetes que se queman y esparcirán el humo oloroso como reflejo de honra y respeto a los antepasados.
Otra razón de amor, cariño y afecto a los antepasados es la manifestación y última despedida al fallecido recorriendo las calles con detalles de diversos signos de condolencia escritos en las pancartas, estandartes, bandas de música, grupo de lloronas e infinidad de gestos que se pueden ver en el suntuoso y ostentoso cortejo fúnebre.
El pueblo chino por tradición milenaria apoya ese espíritu de Confucio, el maestro sabio en todos los sentidos. Tiene consejos morales. Uno viene como anillo al dedo sobre el respeto y veneración hacia sus antepasados y difuntos, dice: «servir a quienes están muertos, como si aún vivieran, es la obra más sublime de la devoción filial». Es claro el deseo. Una inteligencia normal lo entiende sin otras aclaraciones. Se refiere a los ritos y ceremonias después de muertos. El cuidado y limpieza de los sepulcros en la fiesta de los difuntos.
La fiesta de los Difuntos es el día 3 del mes cuarto del calendario Lunar coincidiendo con el calendario Solar el 5 o 6 de abril. Qing Ming Jie, es el nombre chino. Qing Ming = pura claridad. Jie = Fiesta. En español: «La fiesta de la pura claridad». El motivo como el occidental: ofrecimiento de oraciones, visita a cementerios, limpieza de sepulcros y adorno de tumbas. Fiesta idéntica a la Iglesia Católica en Noviembre. Día de oraciones.
La fiesta de Qing Ming Jie es la segunda en solemnidad dentro de las fiestas tradicionales chinas. Lleva la palma de honor el Año Nuevo chino pero recuerdo que, dentro de las actividades del Año Nuevo hay una solemne ceremonia exclusiva para los antepasados. Durante el día de Qing Ming Jie se ve en la entrada de las casas el adornado altar y en el centro, bandejas con las ofrendas de comida y frutas para los espíritus de los difuntos que ese día están merodeando y recorriendo los lugares.
Las oraciones se realizan a cualquier día y hora en los templos. Es una de las grandes y emotivas fiestas chinas, celebrada con solemnidad.
La visita a los cementerios pone ante mi mente que estoy de paso y soy viajero transeúnte. Mas el espíritu, que veo en sus visitantes es signo que aviva mi creencia siendo los epitafios de los sepulcros lo que más me encanta. Todos rezuman religiosidad, existencia del más allá y de un Ser Supremo.
Como final menciono la creencia de los chinos de que los antepasados son fieles defensores y protectores de todas nuestras acciones y se preocupan de nuestras actividades partiendo del principio de que poseen poderes mágicos y sobrenaturales por lo que es consecuencia lógica rogarles.