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PEDRO TRAPIELLO
León

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Te llaman mostrenco y te cabreas, lógico, pues en realidad te están diciendo cerril, ignorante, torpe, tocho, ceporro... sugiere muchos significados la palabra mostrenco... para mí es la descripción perfecta del necio que, además, es atrevido o insolente.

Pero hay mostrencos que son buenos o son bienes... y la gente los busca.

Resulta que «en derecho, los bienes mostrencos son todos aquellos bienes muebles que se encuentran perdidos, abandonados o deshabitados y sin saberse su dueño. Los bienes mostrencos, al estar vacantes y carentes de dueño, son susceptibles de adquisición por ocupación, aunque si son inmuebles, pertenecerán en principio al Estado»... siempre y cuando no haya alguien que los hubiera ocupado más de un año, en cuyo caso, si el Estado está interesado, tendrá que negociárselo o resolverlo ante tribunales ordinarios.

Por lo mismo, bienes mostrencos son también los frutos sin dueño concreto que se encuentran por ahí en los campos, montes, caminos o baldíos, como son las moras, los berros, las acederas, los hayucos, las setas, las castañas, los arándanos, los zarangüénganos...

El otoño siempre sugiere lo mostrenco y es tiempo de salir a atropar antes de que el frío y el agua lo pudran todo: ¡a por nueces, a por boletos, a por perdices, a por tapaculos!...

Hay huertas abandonadas por todo pueblo donde muere la fruta en el árbol sin que nadie la aproveche... pena... y lo mismo que siempre hay algún viejo castrón que te echa el perro si te ve cogerlas y eres de fuera , hay gente gentil y sensata que brinda agradecida esa ruin cosecha... « ande, lléveselas usted todas, haga el favor, y las de ese otro huerto... se van a echar a perder y hoy ya nadie las quiere... ¡ay si los abuelos vieran dónde hemos ido a parar! ».

Esas manzanas reinetas, morroliebre o repinaldo y peras carujas de añoso frutal guardan el sabor antiguo e intenso que ya jamás hallarás en un súper... ni en fruterías de barrio, salvo que las regente algún apañadín que tiene pueblo o anda por ahí a las caídas .

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Ese sabor es lujo, privilegio. Si con la crisis lo redescubres, quizá alguien se preocupe por esas variedades y vuelva a cuidarlas aplazando su muerte.