León

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León de la Riva se metió en el PP por donde entran los picores y las venéreas. Un modo de promoción con el que el ginecólogo de Ana Botella hizo carrera como alcalde del Ayuntamiento de Valladolid, donde acumula votos en cada elección como si se construyera un pedestal y echara los retales de mármol para la escollera del PSOE. Una mayoría absolutista que, de tan aburrida como se ha vuelto, le ha dado tiempo para entregarse a su faceta innata de polémico. El papel en el que se desenvuelve con soltura de tronista de Telecinco para guiones variados: igual se lanza a revelar para qué piensa que le servirían los morritos de Leire Pajín —grima da pensar en los chistes que contaría cuando pasaba consulta— que reclama el cierre de los aeropuertos de la Comunidad, excepto Villanubla, claro.

León de la Riva se eleva ahora como único reducto del leonesismo, al que ha contribuido desde hace décadas como fundador de la corriente de leonesistas castellanos, necesaria para alimentar la evidencia del expolio con sarcasmos y empachos de soberbia. Una figura indispensable en estos tiempos en los que cada vez que aparece un representante del Gobierno o de la Junta por León se recortan proyectos o se eliminan, lo que reciben los políticos locales con una mezcla de resignación, agradecimiento y destino histórico. Un escenario anestesiado en el que el alcalde de Valladolid despierta en los líderes leoneses la unión de la comunidad del anillo, como si fuera Sauron el tenebroso y por unos días pareciera que todo ha vuelto a la época en la que la Comarca reivindicaba el reino que fue. Cuánto le debemos a este hombre; más que a los propios. El mérito de León de la Riva reside en que dice lo que la demás piensan en Valladolid sobre León, pero no quieren que se sepa.

Esa estrategia de la Junta y sus poderes asociados, industriales y financieros, para que nos creamos iguales y nos traguemos el cuento del sentimiento de región. Un juego cínico en el que no entra el regidor castellano, ajeno a normas y órdenes, entretenido ahora en fastidiar a su partido, después de anunciar que volverá a ser candidato a alcalde para ver si le conceden el deseo de una jubilación dorada con cargo a las listas de las elecciones europeas.

Ojalá que no le hagan caso. Sería una pérdida para León. Quedaríamos a expensas de los nuestros.

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