EDITORIAL
El Banco de Alimentos se llena de solidaridad
La gran campaña del Banco de Alimentos previa a la Navidad ha vuelto a mostrar la mejor cara de la sociedad leonesa. Las previsiones acabaron rompiéndose en todos los sentidos: aumentó el número de voluntarios, los lineales de los supermercados quedaron desabastecidos de algunos de los productos básicos y el balance final elevan a 17.000 kilos lo recogido cuando el objetivo eran 12.000.
Es la evidencia de una sociedad extraordinariamente sensibilizada que tuvo que aprender a organizarse para hacer frente a la realidad de la calle en relación con los desahucios, los abusos de los bancos, el recorte de garantías laborales y sociales o el desmantelamiento de la educación y la sanidad pública. La solidaridad se convirtió en el arma más poderosa de gente que además se atreve a salir a la calle a defenderse.
Los bancos de alimentos, con los que organizaciones privadas tratan de paliar el hambre física de la ciudadanía, gestionan estos días grandes volúmenes de comida ante una demanda sin precedentes en los tiempos que conocemos. Y todo esto sucede ante un inmovilismo absoluto de los políticos. Ni una sola medida del Gobierno central contra la necesidad más elemental del ser humano. En un país maduro, las instituciones tendrían que intervenir, al menos para garantizar que nadie queda fuera del improvisado sistema de ayudas. No es saludable un régimen político en el que los más necesitados tienen que recurrir a la buena voluntad de sus semejantes y no al socorro de quien tiene el deber de ampararlos.