TRIBUNA
La valorización de residuos en La Robla
En un artículo reciente publicado en este diario y titulado La incineración en La Robla , se hacía una equiparación entre la incineración de residuos en una planta incineradora y su valorización energética en una fábrica de cemento, en este caso la fábrica de la Robla perteneciente a la empresa Cementos Tudela Veguín.
Una incineradora tiene como único objetivo destruir residuos (a una temperatura de 850 º centígrados), mientras que el fin de una fábrica de cemento, aunque resulte obvio decirlo, es fabricar dicho material de construcción, para lo que en sus hornos necesita alcanzar temperaturas muy altas, que duplican las de las incineradoras, hasta alcanzar los 2000ºC. Valorizar residuos en un horno de cemento es sustituir parcialmente el combustible fósil habitual del sector, por distintos tipos de combustibles derivados de residuos no reciclables (biomasa vegetal, lodos de depuradoras, neumáticos fuera de uso, fracciones no reciclables de residuos sólidos urbanos e industriales, harinas cárnicas, etc..)
Incineradoras y cementeras son dos instalaciones completamente distintas desde un punto de vista técnico (distintas temperaturas, distinto tiempo de permanencia de los gases en la cámara de combustión, efectividad de la combustión, presencia de agentes depurantes...) y, por ello, también desde un punto de vista legal; por tanto no se puede generalizar sobre los impactos que tendrá la combustión de residuos en una cementera, equiparándolos a los de una incineradora.
De hecho, todos los estudios científicos independientes y específicos del sector cementero, y recalco lo de específicos de nuestro sector, ponen de manifiesto que el uso de residuos como combustible, no modifica las emisiones de las fábricas ni genera riesgos para la seguridad y salud de las personas. Estos estudios, cuyos textos íntegros y conclusiones se pueden consultar a través de la página web www.fundacioncema.org, están avalados por entidades del máximo prestigio tanto a nivel nacional como internacional: Consejo superior de investigaciones científicas (CSIC), Ciemat, la Universidad de Alicante, el Comité Consultivo sobre Efectos Médicos de Contaminantes para la Salud del Reino Unido, la Agencia Ambiental Alemana, Agencia Ambiental de Inglaterra y Gales…
Si realmente las acusaciones sobre «genocidio contra la salud», «graves peligros para la salud pública» fuesen realmente ciertas, ¿Cómo se explicaría que los países con las sociedades y los gobiernos más avanzados en protección ambiental como Alemania, Suecia, Austria, Suiza, Noruega… sean precisamente los que más utilizan los hornos de cemento para valorizar residuos? ¿Qué explicación habría para que el partido Verde Alemán haya potenciado esta práctica cuando tuvo responsabilidades directas durante ocho años en el Ministerio de Medio Ambiente de su país? ¿Cómo sería posible que la normativa de la Unión Europea en materia de residuos vaya inequívocamente encaminada a impulsar esta práctica?
El aval explícito de la Unión Europea a la recuperación energética de residuos en fábricas de cemento se puede contrastar en el Documento de referencia sobre mejores técnicas disponibles para la fabricación de cemento (BREF), donde la Comisión Europea asume que el uso de residuos como combustible es una «mejor técnica disponible», y que por las características especiales de los hornos de cemento se puede llevar a cabo tanto un reciclado material como una valorización energética de residuos, sin generar riesgos añadidos para el medio ambiente o la salud de las personas.
Lo que es una barbaridad es que en el año 2013 estemos enterrando, por ejemplo, residuos plásticos no reciclables, con un poder calorífico similar al del gas natural, o que sigamos metiendo en un agujero casi el 60% de los residuos que generamos, mientras que en Alemania con los porcentajes más altos de la Unión Europea en reciclado y valorización energética, sólo se envía a vertedero un 1%.
En la Europa más avanzada se llevan valorizando residuos en fábricas de cemento desde hace más de 40 años y en España más de 20. Hablamos por tanto de una actividad absolutamente contrastada técnicamente y sometida a estrictos controles ambientales por parte de las administraciones públicas. En nuestro país 32 de las 35 fábricas de cemento ya están autorizadas para llevarla a cabo, entre ellas las tres fábricas de cemento ubicadas en la Comunidad autónoma de Castilla y León.
A nuestro juicio, artículos como el mencionado generan una alarma social absolutamente injustificada, pues carecen de base científica que la soporte, y atacan a una fábrica que, reinaugurada en el año 2004, es una de las más modernas de Europa, cumple escrupulosamente la normativa ambiental europea (en muchos aspectos la más avanzada del mundo) y proporciona empleo a más de 200 personas.
Desde la Fundación laboral del cemento y el medio ambiente, entidad que aglutina los intereses tanto de la patronal del sector cementero Oficemen, como de los dos sindicatos mayoritarios del sector Fecoma-CCOO y MCA-UGT, estamos convencidos que es necesario intensificar todas las acciones de comunicación a la ciudadanía para transmitir que el uso de residuos no reciclables como combustible es una actividad ampliamente experimentada durante décadas que ha demostrado contar con todas las garantías ambientales y de seguridad y salud.