Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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Uno recuerda bien cuando la Caja —más precisamente, CajaLeón— era motor importante de la economía provincial, con dos sectores básicos fuertes, la minería y la agricultura. Esta, exceptuando cierta pujanza, especialmente exportadora, de la industria agroalimentaria —sin duda, buena dirección de futuro—, no es que viva tiempos especialmente felices. Menos aún la minería, que espera el último apretón de la soga para finalizar su agonía. Por más que desde las altas instancias, nacionales y autonómicas —qué cariños tan dispares en la que vivimos— se pretenda colorear el panorama de rosa, no digo el pesimismo, sí la incertidumbre —¿por qué llenar el mapa de eufemismos bajo amenaza de desconsideración?— se instala entre nosotros como un nubarrón que amenaza pedrisco.

El caso de la Caja, de las Cajas mejor —hagan un recorrido nacional, con sumario de anécdotas y oprobios— es asunto aparte. En los procesos de remodelación, hecha generalmente a su medida, desembarcaron en los puestos de mando políticos y sindicalistas —necesitamos sindicatos fuertes, honestos, que huyan de la corrupción y la trampa que, al parecer, algunos han preferido— de variado pelaje y condición al calor del dinero y de la diversificación de sus tentáculos, por ejemplo de la Obra Social y Cultural, hoy en liquidación. No sirven ahora las disculpas de falta de conocimiento financiero a que se apuntan algunos altos responsables. No. El problema es que no pocos se avinieron a lujos, bicocas, prebendas y gratificaciones sin cuento y sin medida. Amigos, amigotes, amantes de novela incluso, fieles, sumisos y dependientes aceptaron con milimétrica pulcritud las normas del reparto de la tarta. Establecieron el sistema maquiavélico de intereses horizontales —de clase, casta o simple exclusión del resto— hasta que, entre todos, hundieron el barco. Habían tenido al alcance de la mano lo que a veces es difícil soñar, gracias, eso sí, a los impositores, que asistían, impotentes, a tanto exceso y despilfarro. Desde el lujo resplandeciente pero moralmente obsceno cuando, como es el caso, se maneja dinero ajeno.

La brillante historia de la Caja quedó truncada, fulminada, desde la aplicación de estos intereses horizontales, excluyentes. Con gravísimas consecuencias económicas, laborales y sociales. Hay que clarificar el asunto, incluso con la negativa de los partidos (¡) que evitaron la resolución para investigar los abusos cometidos. Y exigir responsabilidades de todo tipo y condición. No se puede permitir la impunidad —perdón a la mayoría, que no está en esta enumeración— de tantos mentirosos, manipuladores, ladrones y corruptos. ¿Por qué aquí todo dios (o estos dioses) se van de rositas? Y llegará el mensaje almibarado y navideño que afirme que la justicia es igual para todos. Ja. A las pruebas de remito. ¿No habrá también una justicia horizontal, señor?

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