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PEDRO TRAPIELLO
León

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Tengo para mí que la mejor penetración en Asturias ha de hacerse Sella abajo desde que nace cazurrete en los altos de Sajambre (¿por qué llamarían del Infierno a esa fuente?), ahí donde el puerto de El Pontón se hace portón para abrir la mirada a lo cantábrico dando gratis una tacada de grandiosidad inabarcable... desde aquí, muy cuesta abajo al principio hasta llegar a Ribota, la cabeza se vuelve periscopio algo epiléptico, pues ha de girarse a cada pasmo que rifa el camino a uno y otro lado... o arriba y abajo, desde la peña inalcanzable al abismo temible y probable... de este modo, poco a poco, arrugando el alma en el desfiladero de Los Beyos y divirtiéndose la conducción con una conga de curvas que bailan al ritmo que ordena el río, se llega a Ribadesella, a la mar... que no es el morir, sino un continuo renacer que ordena a sus salmones remontar ese río bravo y fecundarlo... y a reos, anguilas, lampreas...

Hace ocho días bajaba el Sella insultante, caudal pleno sin avasallar, nieve en las alturas, orbayando... magnífica impresión nos dio... era como de vieja foto, cristalino el borbotón, furiosas las ganas o sigilosas como monjas de clausura en los pozos de color turquesa... qué río... qué envidia.

Me invitó a palparlo Garnica antes de ir a la charla que teníamos que dar al alimón en Arriondas a la asociación de pescadores (ante esos salmoneros con cañaveres, uno de esta ribera se siente pescador de bermejuelas)... y me llevó Rafa a dos parajes con mucha historia, dos formidables atragantos del Sella, uno en Caño y el otro junto a la ermita de san Bartolo, aguas abajo de Cangas de Onís, bellísimos los dos, los más salmoneros, cosa que explica que sean los preferidos del baranda de turno: Cascos se pedía Cangas y Gemmas y en Caño me hizo pisar Rafa justo el sitio donde se ponía Franco al pie de la escala de remonte, cosa que me pareció como pescar en un embudo (huevón, así se las ponían a Felipe II).

Vimos salmones trepar allí por tapias de agua furiosa... y recordé entonces aquella huelga de 1929 en la cuenca del Nalón cuando los mineros, entre otras cosas, exigieron que no les dieran salmón todos los días para comer.

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