Diario de León
Publicado por
javier tomé
León

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Vivimos en una época banal, malos momentos para la lírica, caracterizada por la dejadez espeluznante con que las clases dirigentes tratan la suerte de los ciudadanos. Por ello, existe un consenso generalizado acerca de la necesidad de volver a un mundo de pequeñas cosas y mucho sentido común. Una filosofía pespunteada de sensaciones de antaño que, en el terreno político, nos remite a las diputaciones provinciales. La nuestra ha cumplido 200 años de vida en común con los leoneses, puesto que su nacimiento tuvo lugar en aquella provincia repeinada de tiempos decimonónicos. Pese a las maltrechas cuentas del país, y ciertas voces que piden la desaparición de dichas instituciones, lo cierto es que se trata de una de las pocas entidades que luchan a día de hoy por preservar la identidad local. Conocer el pasado es muy importante para vivir en paz con el presente, así que con motivo de la onomástica se ha dispuesto, en esa Biblioteca Regional que viene a ser mi segunda casa, una exposición que recoge todo un amable y nostálgico catálogo de curiosidades, incluyendo alguna que otra joya de la corona.

La Diputación leonesa, al igual que ocurre con las familias, tiene sus propias normas, reglas y rituales, representados en una muestra que recoge diversos episodios y apuntes de un pasado compartido. Así a vuelapluma, primeras ediciones de libros de culto, publicaciones propias y toda una batería de documentos pertenecientes al marco doméstico, empezando por el monumental cartel taurino que rebosa encanto y chispa. Y a su vera, una colección de publicidad añeja, banderines deportivos, programas de cine y otros muchos detalles que provocan en el espectador un ejercicio de empatía. Necesitamos acabar el año con una sonrisa y nada mejor que esta deslumbrante cueva de Alí Babá, pensada para festejar el bicentenario de la Dipu.

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