EL BAILE DEL AHORCADO

Esas otras historias de Navidad

Publicado por
CRISTINA FAJUL
León

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Ayer me dijeron que me sacarían, que me sacarían, ayer me dijeron que me sacarían. ¿Por qué sigo esperando? ¿por qué sigo utilizando este lenguaje, estas palabras con las que me mantienen preso? La esperanza, nos dicen, y luego, cada noche, escuchamos los pasos de la muerte. La esperanza… esa palabra. Si no conociera esa palabra dejaría de pensar en ella… en salir, en despegarme de esta humedad mugrienta que cada día me come un poco más la esperanza.

Quiero borrar cada una de las palabras que he ido aprendiendo para no perderme en su mundo, quiero ahogar este lenguaje con el que nos condenan a seguir tragando píldoras de promesa de día y de muerte con la noche. Dicen que los tiran al río, que se los llevan en camiones, que les dejan en los altos del Crucero, «así estaréis más cerca del cielo», dicen los asesinos antes de darles matarile.

Ayer me dijeron que me sacarían, ayer, ayer me despedí de Alfredo, me prometieron que me sacarían y me despedí de Alfredo. Habíamos discutido y entonces se lo llevaron, se lo llevaron y no ha vuelto, tal vez se equivocaron y yo era el siguiente preso de esta cuerda de moribundos. Alfredo se volvió y no dijo nada: Me miró y recordé su cara, sólo que entonces estábamos en el río y era verano, y yo siempre le decía que no anduviera entre los remolinos, que es peligroso… El río… y entonces Alfredín se cayó y vi su cara de terror mientras me llamaba, esa misma cara de terror, solo que ayer no pude sacarle a la superficie, y me quedé allí, estrujando mis lágrimas, así que Alfredo se dio la vuelta y me dijo adiós, y justo antes había juntado todas sus desdichas y me las había dado para seguir conmigo, sí, para seguir conmigo, para ayudarme a no perderme tanto, a no desorientarme, que la pena es como una llama, y así el dolor que me dejaste me hará compañía y aquí, en esta esquina del mundo, te mantendré conmigo, en este lugar en el que nunca supimos si era de noche o de día, hasta ese momento en el que dos falangistas nos trajeron la luz de la infancia envuelta en la certeza de tu muerte.

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