Publicado por
alfonso garcía
León

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Tiene hambre…», afirmaba recientemente un periódico sobre una política. «Eso indica —concluye— que quiere seguir» y presentarse/ser presentada como candidata (a una alcaldía en este caso) en las próximas elecciones. De aquí se deduce, aunque con cierto tonillo de andar por casa, que los políticos que tienen hambre son los que quieren seguir montados en el machito. O quieren montarse por primera vez. Si los caminos de la lengua, tan ricos y llenos de expresividad, recorren todos los rincones, incluso los más secretos, del pensamiento, uno acabará entendiendo otras muchas expresiones con mayor precisión y nitidez. ¿No quedarán muchos políticos que tienen hambre (y sed ¿de justicia?) totalmente satisfechos y convertidos en «estómagos agradecidos» cuando alguien solucione esa carencia tan elemental y primaria que padecen?

La polisemia es una de las mayores riquezas del lenguaje y fragua de una forma silenciosa pero eficaz múltiples significados conforme a los tiempos y las circunstancias. El mundo del deporte es un ejemplo significativo. Hay muchísimos trabajos sobre idioma y deporte, de especial significado los del catedrático leonés Bonifacio Rodríguez (1945-2003), prematuramente desaparecido. Su tesis doctoral (1978) había iniciado con intención y claridad este camino: El lenguaje sectorial del ciclismo en la prensa escrita. Si no hace tanto no pocos deportistas se convirtieron en magníficos lectores («leyó bien la jugada», «no fueron capaces de leer con claridad el partido»,…), ahora, desde hace un tiempo con mayor insistencia, empiezan a estar hambrientos, especialmente los futbolistas. Lean crónicas, entrevistas y declaraciones para constatarlo. Es fácil. Porque no son pocos los que «tienen hambre de gol» o los que «llegan con hambre a su nuevo equipo».

La palabra hambre es de una extraordinaria riqueza lingüística. Y la multiplica, además, en expresiones y frases hechas, algunas de las cuales van perdiendo con el tiempo la plenitud de su significado ¿Se utilizan mucho, por ejemplo, «clarearse de hambre», «hambre estudiantina», «hambre calagurritana»…?

La primera acepción de la palabra que registra la R.A.E. —«Gana y necesidad de comer»— es la clave básica para nuestro entendimiento. Pero extiende el significado, en su tercera acepción, al «apetito o deseo ardiente de algo», que es el valor polisémico de los dos casos a los que nos referimos, el político y el deportivo, dos de las franjas sociales donde, está claro, no hay problemas de hambre real, la que recibe las llamadas punzantes de ciertos puntos de nuestra propio biología En estos tiempos en que el hambre —esa que padecen miles de ciudadanos de nuestro entorno— está al acecho, ¿será capaz la polisemia de mitigar su presencia? Uno espera, simplemente, que sean las medidas que contemplan la dignidad del ser humano, más allá de la propia lengua.

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