Publicado por
ANTONIO PAPELL
León

Creado:

Actualizado:

Francia se retrasa en Europa con relación a Alemania, y los esfuerzos del socialista Hollande por preservar la grandeur de su país y no desmantelar el Estado de bienestar que los franceses consideran patrimonio irrenunciable tropiezan con los efectos devastadores de la ortodoxia que emana de Bruselas y del BCE. Los franceses tienen una veta masoquista, son conscientes de su decadencia y la situación era así descrita esta semana por un articulista de Le Figaro: «Desde la instauración del euro en 1999, Alemania registra en promedio un crecimiento anual del 1,3%, frente al 0,8% en Francia. La tasa de paro es hoy prácticamente el doble en la margen izquierda del Rhin que al otro lado. Las cuentas públicas alemanas han sido ligeramente excedentarias en 2013 mientras las finanzas francesas están en rojo alrededor del 4,1% del PIB. Last but not least , Francia registra un déficit exterior de unos 40.000 millones de euros, en tanto Alemania presenta un superávit de 180.000 millones». Esta pintura negra ha coincidido en el tiempo con un artículo de Newsweek que ha encrespado a los franceses: «Fall of France: How a Cockerel Nation Became an Ostrich» [La caída de Francia: cómo el gallo se ha convertido en avestruz]. Desde el comienzo de la crisis, Francia, con Sarkozy primero y con Hollande desde mayo de 2012, se ha resistido a las consignas de liberalización y desregulación que llegaban desde Bruselas, aunque instadas por Berlín.

Y pese a ello, Francia fue de los pocos países europeos que fueron capaces de eludir la recesión en 2010 y 2011, pero en enero de 2012 Standard & Poors despojaba al país de la máxima calificación, AAA, en el comienzo de un declive que todavía no ha cesado: hoy S&P tan sólo otorga a Francia la AA.

El desiderátum obsesivo de François Hollande consiste en lograr que cada generación viva mejor que la precedente. Y este objetivo, que ya ni siquiera se enuncia por utópico en los países más damnificados por la crisis, es cada vez más imposible de lograr en el país vecino. Lo cual no debería ser aceptado con resignación por las sociedades nacionales que forman la comunidad europea: frente al modelo dominante, inspirado por Alemania y basado en la ortodoxia monetarista, debería articularse otro modelo más ambicioso interesado en reconstituir el Estado de Bienestar típicamente socialdemócrata, y orientado a recuperar el concepto de seguridad —seguridad sanitaria, en el empleo, en la vejez, etcétera— como ingrediente indispensable de la calidad de vida a que aspiramos los europeos. Francia, en solitario, no puede romper la gran inercia del modelo alemán, que ha deglutido además a los socialdemócratas del SPD. Pero sí sería posible conseguir que el Parlamento Europeo fuera la sede de este gran debate, que por ahora mantiene Hollande frente a todo el establishment europeo.

Cargando contenidos...