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ANTONIO MANILLA
León

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El catálogo histórico de invenciones patrias está encabezado por el palo de la fregona, como el de los italianos lo está por el tenedor y el de los franceses por la guillotina. Los británicos, tan isleños, han descubierto el conducir a la contra y el púdin, que es prueba fehaciente de la ausencia de paladar de la raza, como el fútbol lo es, a su manera, de la existencia de la televisión de pago. Luego hay cosas que son simples ocurrencias. La diferencia entre invento y ocurrencia es importante: es la que hay entre la práctica y la teoría. Va la misma distancia que existe entre el genio y el ingenio, que, aunque para Gracián era adobo del primero, cuando se da en solitario se evapora en el aire como un perfume. De tan alado y ligero, resulta efímero. Se va volando.

Una ocurrencia me parece todo el movimiento institucional que estamos viviendo a favor de poner en valor la idea de León como cuna del parlamentarismo. Nótese que lo pongo en la balanza de la imaginación y no en la de la historia. Como leonés no ignoro el marmóreo locus apellationis que está en nuestra catedral ni la convocatoria a Cortes del rey Alfonso IX de 1188, mucho menos soy nadie para poner en entredicho o dejar de apreciar la resolución a nuestro favor de una institución a menudo tan seria como la Unesco. Lo que digo, porque lo pienso, es que este trajín no me parece práctico y que lo que me gustaría es que volviéramos a tener la iniciativa de aquellos tiempos, los de la mano que mecía la cuna de aquel incunable parlamentarismo, en alguna materia, la que fuera. ¿Se me entiende? Cuando los pueblos dejan de protagonizar la historia, se dedican a vivir de su pasado. Si es cierto el aserto bíblico que afirma que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla, deberíamos olvidarnos inmediatamente de estas historietas.

Estamos inmersos en una crisis y estamos en mitad de una legislatura; ahora que no hay mucho que inaugurar, uno le pediría a nuestros políticos que piensen un poco menos en lo que fuimos y apliquen todas sus potencias a lo que queremos ser en el futuro. ¿Una reserva turística? Que inventen algo. Por favor.

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