EDITORIAL
Problema añadido para el comercio tradicional
El final del plazo establecido para las llamadas rentas antiguas supone un problema añadido para el comercio tradicional. En medio de una grave crisis económica que está generando múltiples problemas al sector, a finales de año serán más de un millar los establecimientos que se verán obligados a dejar sus locales o a alcanzar acuerdos con los propietarios.
Es verdad que han pasado 20 años desde que se aprobó la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) en la que se otorgaron precisamente estas dos décadas para que los afectados fuesen solventando su situación, pero la realidad es que el final de la moratoria llega en el peor momento posible para un sector comercial que malvive por culpa de la crisis.
La negociación entre inquilinos y propietarios ha permitido ya múltiples acuerdos para ir salvando el problema pero aún son más de mil locales en la provincia los que se enfrentan a esa fecha límite. Y llegado este momento, sin duda, se hace necesario un esfuerzo de todos para evitar un daño añadido al comercio tradicional y por ende al empleo.
Los inquilinos tienen que ser conscientes de que hay rentas que hoy por hoy no son aceptables por los propietarios. Pero también los dueños deben ser conscientes que hoy no sobran oportunidades, incluso para los locales que están mejor situados. La rebaja notable de los alquileres es una realidad en todas las ciudades y el acuerdo es la única fórmula para que los bajos no acaben vacíos.