LEÓN EN VERSO
Sin dientes
Éxito del manipulador, que presenta la reordenación sanitaria como si se tratara del lanzamiento de un disco; ruedas de prensa, entrevistas promocionales e, incluso, incentivos para el club de fans que fundaron los acólitos del primer responsable de una sanidad pública en occidente que tiene a sueldo más periodistas que cirujanos. Hablan de quitarle el médico a un paisano que asume por castigo ser el único alma de un pueblo asolado, de una comarca desolada, de una provincia inhóspita, y parece una referencia del gran musical con la lista de ventas entre manos. El ajuste en los consultorios en los pueblos de León viene a ser una apología de la lista de ultrajes que se suceden desde que al concepto autonomía le dieron autoridad; una exaltación del agravio, un triunfo de la ecuación bolchevique: se quita el médico, y a ver qué pasa en el laboratorio experimental de la tundra social leonesa. Sin manos, sin dientes, sin médico. Otro empuje al límite del abismo que desengañará a la disidencia en torno al temor de que no pueden matarnos a todos. Demonizan el coste por atender a un vecino de Vidanes mientras ensalzan los dieces sobre dieces en las prestaciones del Río Hortega, del que sabemos aquí porque encabeza las citas de la churrera institucional que bombardea conciencias sobre el bienestar del estado autonómico. A ver cómo piden el voto ahora a hombres libres, afines en garantías y derechos si el médico se anuncia al llegar igual que la hogaza. En vista de que el tajazo le importa un mierda a uno de Madrid, roguemos al señor por los padres de los políticos del PP a quienes pilló el sacrificio en los pueblos. Degüello que ejecuta Aguado, pero que podía haber culminado cualquiera de la cantera inagotable de cancilleres de la milla de oro de la yunta; numerarios a los que les crecen en el garaje coches como el de la ministra de Sanidad, entretanto planean genocidios en educación, u otros exterminios que les asignaron en el último reparto. Quien encauza la comunicación pide a gritos un cossío: programan a consejeros exterminadores y logran que la gente llegue a casa con la sensación de que acaba de cruzarse con Perales por la calle. Si lo del queso castellano y la brucelosis de Clemente se pagó con la adopción, la atención médica disfrazada de reparto de la bombona de butano merece una estatua en el jardín de los patos antes de que se echen encima las elecciones. Atento, majo.