CORNADA DE LOBO
Un rapacín
Todos se asombraron con esa foto tremenda en la que un niño de sólo cuatro años cruza andando y perdido un desierto... escapa de una Siria en guerra y pretende alcanzar la frontera tras la que se encuentra su madre... va solo... es una canija novela con patas, otro Marco sin Amedio que busca a la mamá emigrada que aquí es una refugiada en alguno de los campos saturados por los 600.000 sirios huídos a Jordania... hay un millón y medio más en otros países vecinos... y la cifra crece y crece... ya son tres años de masacre civil y el pan de cada día lo hacen allí con harina de huesos y metralla... hay que huir a toda costa porque, después de una guerra tan alargada, cada bando ya sólo piensa en términos de exterminio o victoria absoluta.
Se encanalló esa guerra. Es civil.
Ese niño viajaba sin familiar alguno con un grupo de huídos a los que perdió, salió de casa con un chándal, un pequeño anorak y una bolsa de plástico que casi arrastra y en la que no sabemos qué llevaba, ¿quizá algo de comer, ropa?... ¿y los cuadernos de un cole al que seguramente no asistió todavía?... no es probable, en su «hatillo» no cabe más que una supervivencia desesperada.
Cuando unos agentes de Acnur le hablan en esa foto, el rapacín ni les mira y sigue andando con gesto serio y fosco, la vista en el suelo y con una terca determinación, encontrar a su madre, algo que ya logró ayudado por un personal conmovido y admirado de la gesta.
Hablamos nosotros del trauma que le puede quedar aquí a un chaval por un bofetón en la escuela. ¿Cómo puede asimilar sin acabar un día disparatado del todo un guajín de tan corta edad que seguramente ha coleccionado en sus pocos años todo el catálogo de crímenes, muertes, bombas, violaciones o hecatombes servidas desde el cielo con bidones de explosivos?...
Pues bebiéndose sus lágrimas... y ahogando el grito y reservarlo para cuando la edad le permita revancha o la reparación de una vida rota y difícilmente reparable. Ese rapaz se destetó royendo estaca o jugando a las casitas con cascotes de casas muertas... y enterrando a los suyos cada semana.