León

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Para que no les pille de sopetón, en algún momento de los próximos tres meses igual les imploran de rodillas que depositen en las urnas una papeleta con una lista de indolentes. Si logran convencerles, y a otros tresciestos mil más, negocio redondo. Por esa gestión el pedigüeño se hace acreedor a 7.956,87 euros al mes; y luego de ponerse en paz con el fisco, de la nada despreciable y astronómica cifra de 6.200. Dietas y remiendos aparte. Tarde para preguntarse de quién era el beneficio, porque el sujeto que le imploró estará ya en la dimensión estratósferica desde la que no se ve a la gente que duerme en el coche porque el banco le echó de casa, ni a los cientos que tienen la costumbre de comer a diario un plato caliente que les ofrece con dignidad la beneficencia; no se atisban los cincuenta mil parados que se alternan en la puerta del Ecyl (menudo nombre para un matadero) porque juntos parecería indecoroso frente a tanto progreso; con 7.956 euros antes de impuestos es imposible percatarse de la degradación social y económica de los pueblos mineros, martirio incluido de acudir al banco de alimentos para dar de comer a la familia. Es posible que con esa talegada te la sople que el cuarenta por ciento de las ayudas que votarás en el parlamento europeo para proteger un sistema seguro de producción de alimentos termine en manos de jetas pálidas que no tienen nada que ver con el sector; y el efecto del color gris que desprenden las persianas que parpadean la despoblación. Al otro lado del abismo que separa al político orondo del pueblo famélico hace falta traductor simultáneo para enumerar a todos los no pueden pagar la calefacción; y sonotone en orejas de paquidermo para dar cuenta de que uno de cada tres niños viven en el umbral de la pobreza. Aquí, en León, no en Eritrea. 7.956 euros obnubilan el horizonte. Si no se metaboliza el despilfarro del número de la cabra de los 14 procuradores autonómicos, tarea imposible asimilar el espasmo moral del circo de tres pistas que arrastra el eurodiputado. El relato de bajas en el estado del bienestar que se ha cepillado el mesianismo ni importa a los que van a las Cortes a pasar el cepillo del kilometraje ni causará insomnio a quien se exilie a vivir aforado a cuerpo de rey al noreste de Francia. En los tres próximos meses tratarán de hacer ver que la realidad les incomoda. Hasta que asienten el trasero en Estrasburgo.

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