PANORAMA
Batalla en Europa
Las elecciones europeas no son en modo alguno ajenas a la política interior española. Como es conocido, la mayor parte de la legislación civil que nos atañe proviene de la Unión Europea, y ya estamos integrados en una entidad cuasi federal que nos abarca y a la que hemos entregado buena parte de nuestra soberanía. En consecuencia, la participación en estas elecciones es relevante puesto que el Parlamento Europeo, después del Tratado de Lisboa, ostenta un extraordinario poder legislativo, en codecisión con el Consejo. Pero independientemente del papel institucional de nuestro país en la Unión, es necesario que España mantenga un papel político activo en Europa porque de la política económica y monetaria europea dependerá la suerte de nuestro país, la posibilidad de crecer a mayor o menor ritmo, la capacidad de crear empleo. Es bien conocido que la congelación de precios en la zona euro tiene el efecto benéfico de mantener el poder adquisitivo de los rentistas pero tiende a paralizar las decisiones de gasto. La inflación baja interesa por tanto a los ahorradores netos pero no a quienes están endeudados, como es el caso de España, cuya deuda, pública y privada, incrementa su valor real por el servicio de los intereses. Con lo que no mejora tampoco la calidad de los activos bancarios, lo que da lugar a un conocido círculo vicioso. Como es conocido, en España, el IPC está próximo a cero pero en Grecia y Portugal es negativo.
La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, mencionó una vez más la baja inflación como el mayor obstáculo para la recuperación de las economías avanzadas, especialmente las de la zona euro, y pidió expresamente al BCE y a su presidente Mario Draghi que recurra a «medidas de política monetaria no convencionales» para corregir la situación. Está muy bien que las instituciones recuerden al BCE su obligación de hacer una interpretación del pacto de estabilidad beneficiosa para los miembros del club del euro. Pero es deseable que los países concernidos hagan lobby en Europa con este mismo fin. En definitiva, deberían ser los eurodiputados españoles y demás representantes del Estado en Bruselas quienes presionaran sobre el BCE para que actúe en la dirección correcta, tomando las medidas adecuadas. Vidal-Folch exponía recientemente la panoplia de decisiones posibles del BCE: «Bajar los tipos a cero; cobrar a la banca por sus depósitos en Franckfort, en vez de remunerarla; inundar el mercado a la americana mediante compra de títulos de empresas privadas, o sea, aumentar el dinero en circulación». Mario Draghi también revelaba que, por unanimidad, el BCE ha decidido aplicar estas medidas cuando sean necesarias. Y las bolsas de valores lo celebraban con una subida impar. Por eso las elecciones europeas son importantes, aunque no acaben de creérselo ni siquiera los partidos políticos, incapaces de ver más allá de sus propias narices.