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Jaime lobo Asenjo.
León

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No seas siempre riguroso ni siempre blando» (Don Quijote).

Me refiero a la llamada Marcha de la Dignidad del pasado día 22. Lo siento, respeto que muchos de los conciudadanos convocados desearan mostrar su frustración por los recortes y otras medidas del Gobierno y que defiendan lo que ellos entienden por «dignidad». Pero lo ocurrido fue un show político que se convirtió en una de las manifestaciones más violentas de la democracia, que dejó a la dignidad a la altura del betún, abiertamente ideológica y sectaria, trufada de una extrema izquierda cada día mas violenta. De ningún modo puedo compartirlo, no puede ser la mía, esta marcha que encabezaba Willy Toledo, incansable defensor de la dictadura cubana y Diego Cañamero, conocido asaltante de bienes ajenos y otros secuaces marxistas. No puedo compartir una manifestación plagada de banderas de la República y ni una sola de la de todos, la de España. Como diría Muñoz Seca, asesinado por cierto en Paracuellos, «yo soy un hombre sencillo al que no gusta el morado al lado del amarillo». Y al menos a mí no me representa una manifestación que entre otros eslóganes dice que el Gobierno legítimo de España, elegido por una mayoría «maltrata al pueblo». Se ve que quieren ganar en la calle lo que perdieron en las urnas. No me gusta y me da miedo que pidieran «tribunales populares». ¿Qué es eso? ¿las checas? ¿tomar la justicia por su mano? Estos son los que entienden que democracia sólo existe cuando mandan ellos. Justicia, la que ellos repartan, y libertad, que nos pongamos en sus manos.

Lo siento pero no me representan y ya sé que les importa un pimiento, lógicamente, pero no puede representarme, quienes como cabeza de «su» manifestación, portan hoces y martillos (¿símbolos de paz), retratos del Che y banderas independentistas y no me representan quienes niegan cualquier legitimidad al orden constitucional y justifican la violencia. No me representan quienes utilizan la crisis como arma arrojadiza, crisis que prácticamente en su totalidad originaron dos gobiernos de izquierdas y contra los desastres perpetrados por los gobiernos de Rodríguez Zapatero jamás se manifestaron ni violentaron al Gobierno que congeló las pensiones y consiguió el triste record de dejar al país, en su segundo mandato, con ¡un millón! de parados más por año.

Yo no puedo manifestarme esgrimiendo «dignidad» y hacerlo acompañado de proetarras, Resistencia Gallega y cia. profiriendo gritos a favor del Grapo. Que no se diga que era una marcha pacífica. Es cierto que comenzó con cierta apariencia de normalidad, pero acabó como tenía que acabar.

Y no me sirve, a mí al menos, que se diga que los que alteran el orden y siembran el caos son una minoría. «Digna» minoría, que dejó más de 60 policías heridos, más de cien detenidos, el fotógrafo de prensa Kike Rincón salvajemente agredido. «Digna» minoría que lleva a las manifestaciones clavos, navajas, piedras, gasolina y otros «dignos» y contundentes objetos. Y no es ni «digna» ni pacífica una manifestación que causa daños materiales por 650.000 euros. ¡Así no!

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Paradójicamente en Madrid, al día siguiente hubo otra manifestación multitudinaria, para reclamar la suprema dignidad de la vida, manifestación en todo momento pacífica y festiva. Así sí. Por cierto sólo alteró esta marcha un grupo autodenominado feminista, tetas al aire, proclamando que es genocida tratar de defender la vida del no nacido. Así tampoco.