EL RINCÓN
Afganistán y la vergüenza
Pasa el tiempo y parece que las cosas, lejos de mejorar, empeoran en el Afganistán de los talibanes. El asesinato a bocajarro de tres médicos estadounidenses en Kabul, se ha dicho y es verdad que marca un punto de inflexión en los acontecimientos y la radicalización país. Comentan los corresponsales y con razón que hasta ahora los ataques contra extranjeros siempre tenían objetivos militares pero ahora la cosa cambia a peor.
Tiempo atrás se creyó que la mediación internacional podría obrar el milagro y conseguir que no camparan a sus anchas ni los talibanes ni los señores de la guerra pero no ha sido así. El escenario ha sido el peor imaginado y de hecho a la incapacidad del gobierno afgano para hacerse cargo de la seguridad de su país se ha unido la incapacidad de la comunidad internacional para derrotar a los talibanes. Cuando las tropas de la Otan se retiren muchos auguran que la situación será muy similar a la que había en el 89 cuando se retiraron los soviéticos, es decir una mezcla explosiva de mercenarios, señores de la guerra, tráfico de armas y de producción de opio y todas las regiones enfrentadas entre sí.
Pero desgraciadamente, una vez más, quienes se llevarán la peor arte serán las mujeres, que tras un breve espejismo siguen siendo obligadas a vivir esclavizadas de múltiples formas incluida su reclusión, esa cárcel de tela llamada Burka. Allí de lo que se trata es de que las mujeres cumplan como único fin el de la procreación y todo está prohibido, absolutamente todo, desde trabajar fuera de casa o reír en voz alta, escuchar música, utilizar maquillaje o llevar zapato de tacón, hasta ser atendidas por médicos masculinos, o estudiar en escuelas. Por no hablar de los azotes y las palizas para quien no vistan de acuerdo a las reglas de los talibán. Y si todo sigue igual como parece, ya se encargarán los países más poderosos en tapar entre todos sus vergüenzas, la gran vergüenza de lo que sigue ocurriendo.