León

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Don Quijote y Sancho luchando contra molinos. Los molinos aparecen ahora como alucinaciones de la inmolación, el sacrificio a través de las drogas para poner algo de luz en medio de la oscuridad. Cervantes en el paisaje salvaje de Louisiana. Quien lo haya visto ya sabe de qué estoy hablando, esa historia en la que dos hombres gastan sus vidas para descubrir el horror del mundo.

Cervantes, Dostoiesvki (si lo único que hace que una persona sea decente es la esperanza de una recompensa divina, entonces, hermano, esa persona es un pedazo de mierda), Schopenhauer (quizás lo más honorable que podríamos hacer como especie es negar la programación, dejar de reproducirnos, caminar de la mano hacia nuestra propia extinción), Lovecraft… la modernidad y la postmodernidad a bordo de dos hombres rotos que saben que la batalla está perdida de antemano.

Una historia aparentemente simple que trata de la historia del mundo, una historia del mundo que se encierra en una simple historia. El teatro del mundo protagonizado por un hombre torturado que encuentra la salvación y por otro que se redime a través del pecado... Don Quijote y Sancho cabalgan entre parajes densos, quemados por el azufre que, sin embargo, se encuentran en medio de pantanos. Nunca vemos lo que hay bajo el agua, aunque sabemos que hay dragones, los dragones de la ignorancia, la miseria, la depravación, el horror, el dragón de la inmoralidad del poder. Un alucinado que ve gigantes y su escudero, un conformista con afán de seguir siéndolo.

Cervantes, como un millón de veces, vuelve a demostrar que está de actualidad. Un guión asombroso para explicar la investigación de un asesinato. Cervantes sin la amargura de Cervantes o, al menos, no con toda.

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Porque sabemos que siempre habrá dragones, que la oscuridad seguirá venciendo a la luz, que no hay estrellas suficientes para iluminar la noche, que dos hombres buenos no pueden borrar tanta basura blanca, pero mientras el hidalgo manchego recupera la lucidez para morir, este hidalgo forjado en el desamparo, alcohólico y nihilista, vuelve de la muerte, de la noche oscura, tras haber sido capaz de ver que el tiempo existe, que no es un invento de la eternidad, que la muerte de su hija no se repetirá sin fin.