SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA

Redes sociales

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León

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Interior elabora el «mapa del odio» en España. Este fue uno de los titulares del diario ABC en su edición del 25 de abril pasado. Origen étnico o racial, creencia religiosa, género, discapacidad u orientación sexual eran causas citadas como fundamento del odio hacia los demás en nuestra querida España. El Ministerio del Interior quiere elaborar un mapa de este odio, para intentar erradicar los 1.172 incidentes que se produjeron en el año 2013 relacionados con conductas que tienen por objeto proyectar lo peor de nosotros mismos sobre aquellos que consideramos que no merecen ser tratados con dignidad.

Pero la cuestión es cómo erradicar el odio, en concreto el odio contra estos colectivos. Todos tenemos capacidad para odiar y amar. Pero odiar no es rentable, es contrario a la naturaleza humana y no conduce a nada positivo. Por ejemplo, Andrea Bocelli es invidente y tiene una de las mejores voces del mundo. No se puede apreciar la plenitud de sus capacidades desde el odio.

El pasado día 28 de abril el sacerdote Adolfo Rodríguez Iglesias impartió una conferencia que me atrevería de calificar como brillante. Nos regaló a los presentes una hora de profunda reflexión sobre la naturaleza humana, conocimiento de profundo calado intelectual, en una exposición didáctica y provocadora hacia la reflexión como sólo los grandes profesores saben hacer. Una de sus afirmaciones más relevantes, en mi opinión, fue que la naturaleza humana por tener origen divino es buena en origen. Dios es el bien y cuando creó al hombre vio que era bueno.

Estando de acuerdo con D. Adolfo, entre otras razones porque sabe mucho más que yo, mi reflexión es: ¿dónde está el origen del mal? ¿Por qué la buena voluntad que Kant describe como base de todos buenos sentimientos y acciones no rige la conducta humana? ¿Por qué Hobbes, en su Leviathan, un filósofo tan inteligente y racional, habla de siervos y señores?

No sé si alguien tiene respuestas definitivas para estas cuestiones. Lo que sí sé es que los elementos citados del «mapa del odio» han acompañado a la humanidad desde sus orígenes. Hasta hace, se podría decir «ayer» los negros en Estados Unidos estaban luchando por su igualdad. Los homosexuales están en ello. La discriminación de la mujer, para que hablar y los genocidios no cesan.

El ser humano vive en red, en una inmensa y única red social en la que todos somos interdependientes. La teoría de las redes sociales (social Network) tuvo su origen en Estados Unidos e Inglaterra en la década de los cuarenta de la mano de sociólogos y antropólogos ¿Alguien se atrevería a discriminar a Halle Berry una de las mujeres más atractivas del planeta? Habría que ser del género tonto. O discriminar a Stephen Hawking, una de las mentes más preclaras del panorama científico de todos los tiempos. Habría que ser del género… no me atrevo ni a calificarlo.

Yo creo al igual que Kant que se debe diferenciar entre personas de buena voluntad y aquellas que han renunciado a ese don. Lamentablemente, la red social da cabida a todos y se producen lo que podríamos calificar como anomalías en la conducta general de las personas. Estas anomalías son infracciones, delitos o simplemente odios.

En la terminología de la ciencia de las redes sociales se habla de personas claves que actúan como nodos, otros como conectores. Son personas que tienen especial relevancia social por su poder entendido en sentido amplio. Bien por su capacidad de acceder a recursos, conocimiento, relaciones sociales o cualquier otra circunstancia que les permita influir en la red social. Mientras la inmensa mayoría de estas personas mantenga la buena voluntad como principio de su conducta, la red pervivirá. Cuando esto deje de ser así, supondrá el fin de la misma. Significara que la moral ha dejado de presidir la ley en términos Kantianos y la esperanza de un mundo mejor se podrá dar por extinguida.

Prefiero creer, al igual que D. Adolfo que el hombre es bueno por naturaleza y el bien terminará imponiéndose, al igual que ocurre en las películas, aunque a veces tengo dudas.

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Para saber más: La ley moral. Autor Kant. Editorial Routledge.