Publicado por
Daniel García Sánchez.
León

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Permítame romper mi silencio de más de dos décadas sobre los hechos acaecidos en el Casa de la Cultura de Castrocontrigo en el año 1991 y a los que se refería este periódico en fechas recientes.

En cierto modo era lógico que se buscaran paralelismos con la dramática muerte de Isabel Carrasco, con coincidencias como que en ambos casos eran períodos electorales, pero lamentablemente ahora con resultado trágico.

Pretendo, además, recordando lo que ocurrió entonces y dando mi opinión al respecto, que se investigue hasta el final, igualmente en sede judicial donde ya se encuentra este proceso.

Respecto a lo que ocurrió en Castrocontrigo no es acertado en mi opinión decir que quien disparó solo pretendía reventar un mitin del PSOE. No puedo estar de acuerdo pues el acto entonces ya estaba finalizando.

Había intervenido en primer lugar Felipe Rubio (q.e.p.d.) presentándolo, también lo había hecho el representante de la Ejecutiva de Rodríguez Zapatero, al igual que nuestro candidato a alcalde de la localidad.

Me tocaba intervenir el último cerrando la reunión después de casi dos horas y me encontraba terminando mi intervención, cuando se produjeron los disparos. Quiere esto decir que el mitin prácticamente se celebró y, por cierto, de pretender reventarlo bastaba con que se hubiera disparado al tejado y al principio y no a la cabeza de nadie, pues el resto de los presentes se encontraban sentados.

Discrepo igualmente de otras afirmaciones. Por ejemplo, la persiana si se encontraba bajada pero los paneles de la misma permanecían entreabiertos, probablemente incluso podrían haberse dejado así por el autor de los disparos, pues se podía ver desde fuera pero no se podía ver desde dentro a quien disparaba en la oscuridad de la noche, mientras que desde el exterior si se visualizaba perfectamente la persona que se encontraba de pie justo detrás de la persiana.

Nunca supe la causa, pero siempre tuve in mente que el objetivo de los disparos era yo mismo. Cuando estás hablando a un auditorio que se encuentra sentado y tú estás de pie y de espaldas a una ventana y pasa cerca de tu cabeza, que se acaba de inclinar para consultar el nombre de la persona que arropábamos, una bala eso lo tienes clarísimo. Incluso pedí posteriormente a algún compañero que intimara con el realizador de los disparos, por si podíamos aclarar los hechos, pero la posterior muerte de éste por el corte de una motosierra en el monte, impidió cualquier nuevo dato esclarecedor. Descanse en paz.

Cometí el error de no personarme en el proceso y me limité a pedirle al juzgado que remitiera a Irene Villa, que no había tenido tanta suerte en el atentado acaecido en Madrid, la indemnización que me correspondía por las leves heridas sufridas. Digo esto no por ningún tipo de reclamación que pudiera exigir si no por el esclarecimiento de los hechos, que aún hoy no tengo claro. Me imagino que la familia de Isabel Carrasco no cometerá la misma equivocación.

Ciertamente existen paralelismos entre ambos hechos: por ejemplo en el caso vivido por mí fue descubierto por el comandante del puesto de la guardia Civil de Nogarejas, persona entrañable que recibió por ese hecho la medalla del cuerpo, habiendo tenido la ocasión de asistir a la posterior fiesta de la patrona del cuerpo.

En el caso de Isabel Carrasco parece que también interviene el loable trabajo de un jubilado de la Policía Nacional para el que reclamo desde aquí la medalla del cuerpo, pues de ser ciertas las informaciones publicadas se la merece sin duda.

Escribo estas líneas después de que los máximos responsables del ministerio digan que están a punto de finalizar los trabajos y que el encomiable esfuerzo, fuera de toda duda, ha permitido la puesta a disposición judicial de los hechos muy esclarecidos.

Ahora que está tan de moda hablar de la autoría intelectual me temo para mi que no del todo.

Deseo que en el proceso judicial puedan aclararse todas las claves y dudas existentes, pues no parecen del todo consistentes las razones que se van conociendo, como móvil de esta tragedia y, desde luego, si las razonas laborales son la única causa, a Isabelita le debían hacer un monumento por resistir tantas presiones de personas tan poderosas de su propio partido o de secuaces del mismo, para que no se cumpliera la legalidad en materia de contrataciones de personal.

Y el monumento lo deberían hacer los que desde las redes sociales la critican tan duramente.

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Isabelita tenía muchos amigos pero también muchos críticos y, de alguna manera, un cierto desamparo como me ocurría a mí. Yo que no tengo su ideología tengo muy claro lo siguiente: Isabelita muere por ser una persona íntegra. Descanse en paz.