Diario de León
Cristina Fanjul
León

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Que para acudir a lugares comunes se podía callar. Óscar López, digo, ese caballero que aparecía la noche de las elecciones europeas como un semoviente detrás de Elena Valenciano, que más semejaba un camarero de madera, parte del decorado, camuflándose entre las bambalinas del fracaso, inane, en una palabra, y resulta que estaba mascando la derrota tratando de salvar (sus) muebles, que al final es lo que importa en política o, mejor, en la política del miope que no es capaz de mirar más allá porque su horizonte está en su ombligo. Hasta ahí llegan los confines de algunos. Así que sale hablando sin decir nada del relevo en la Corona. ¿Y el tuyo? Oye, que ya has demostrado hasta dónde puedes llegar. Y todavía recuerdo ese momento en el que parecía que era el Sagasta de la cosa de Castilla. ¡Qué decepción! Se quedó en un simple cacique segoviano.

Dice el estadista que «conviene no dejarse mecer por los impulsos ni precipitarse en las respuestas y ondear cualquier oportunismo al sol de lo inmediato». Dejando a un lado la gramática ( zzzzzzzzz ) que luce el todavía número tres del PSOE y la cursilería de las imágenes, un tanto falangistas, por cierto, lo que se desprende de sus manifestaciones es el desprecio hacia la inteligencia ajena. ¡Hombre! no se puede hablar de Tiempo de cambios cuando una semana antes promueves un ‘golpe de mano’ cobarde, enfrentándote a quien tú mismo dejaste para que te calentara el sillón por el camino del medio, con la estrategia de tierra quemada, después de mí, el abismo y en ese plan.

Dice López que hoy merece pasar a la primera línea una generación más joven. ¿Lo dirá por él? Más joven que Villarrubia es, eso hay que concedérselo, pero de ahí a articular un argumento colocándose como principito, pues no.

Volvemos al mundo de las gestoras, que es la manera que utilizan los mediocres para controlar al resto. Encima, el ciudadano López pone a un ‘bisoño’ al frente de la cosa: Jesús Quijano. Eso sí es renovación, de la original fetén, por lo de volver a los orígenes. Pero ¿dónde vais? ¿De verdad hay tan poca gente en el socialismo castellano —el leonés lo dejo para otro día— como para tener que viajar al pasado para impulsar el presente? Esto más que una gestora es una fornicadora. La pregunta es qué engendro saldrá de este ménage a ¿quoi?

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