HOJAS DE CHOPO
Estimular la curiosidad
El curso escolar inicia la recta final, buen momento para algunas anotaciones. La educación es básica en la estructura de cualquier sociedad y su cuidado, exigencia de primer orden. Vertebrar su desarrollo mediante propuestas y pactos sólidos parece la única salida a un asunto que deberá estar alejado de manipulaciones, caprichos e interferencias. Para que sea uno de los cimientos de progreso, necesita un clima de serenidad, al que ayudan poco, por ejemplo, los disparates de algunos gerifaltes políticos que regalan ciertas lindezas al profesorado, tales como poco trabajadores o ignorantes. Ya podrían estar a su altura los que afirman tales despropósitos. En general, tenemos un profesorado ejemplar y entregado: «Dios, qué buen vasallo, si oviesse buen señor!». ¿Habrá alguna analogía?
Hay una tendencia casi obsesiva a manejar —¿manipular?— aspectos educativos. Un ejemplo cercano: la insistencia en hacer coincidir las vacaciones de Semana Santa, tan recientes aún, con las procesiones para mantener en los niños ese espíritu. Una de las tareas básicas de la educación es fomentar la formación de criterio para que cada cual tome decisiones responsables, algunas en el ámbito de la privacidad. Además, ciertas ansiedades conducen a llenar de deberes incluso los días de asueto, lo que impide gozar a los niños sobre todo. Teniendo en cuenta la saturación a que a veces se les somete, especialmente a los más responsables, ¿alguien puede pensar que también en el hartazgo se pueden encontrar algunas de las raíces de ese abandono escolar que nos atenaza? Aunque casi anecdótico, posiblemente este y otros análisis sean más útiles. Somos uno de los países cuyos alumnos pasan más tiempo en el centro, prolongado en buena medida durante el resto del día, con resultados poco halagüeños según los informes. Los niños suelen ser los que disponen de menos tiempo libre. La eterna manía en muchos ámbitos, pensar que cuanto más tiempo en el trabajo, mayor rendimiento. Lo más importante es estimular seriamente la curiosidad y la inquietud, abrir ventanas a conocimientos y descubrimientos sin la rigidez exclusiva de la memorización que repite sin claves de interpretación y razonamiento. Posiblemente sea esta, la organización de los horarios, otro eje de reflexión. Una forma de educar en propuestas útiles, actitudes ante valores universales modernizados y desarrollo de las propias inquietudes. En el equilibrio está la clave, una de las claves.
Una última nota. Estadísticas y contraestadísticas, con infinitas ópticas, la mayor parte no aplicadas a fines educativos, sino partidistas, manipuladas en origen. ¿Por qué ese empeño en medirlo todo, hasta las cosas más importantes y bellas de la vida? La educación es una de ellas y necesita, sobre todo, aliento, dedicación, serenidad y respeto. Mucho. Es una de las razones de futuro. De verdad.