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PEDRO TRAPIELLO
León

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Tumbados sobre un monte de la Guzpeña, los enormes y gruesos troncos de unas encinas taladas expiran lanzando una maldición por cada uno de los anillos que dibujan sus años... y en uno de ellos se leen casi trescientos, su edad, centenario arbolón apeado a matarrasa junto a otros también vetustos porque van a reforzar allí el tendido eléctrico... ¡cagonrós, qué calambrazo da a la mirada el rastro de esa motosierra!...

La cosa es tan salvaje, que unos vecinos de Robledo de la Guzpeña decidieron encadenarse a una de de esas encinas antañonas como diciendo «segadnos también los pies y taladnos del todo la esperanza».

Los operarios de Red Eléctrica que van apeando el monte de a hecho no tuvieron piedad ni ante aquellos ejemplares que piden ponerse de rodillas porque son verdaderas catedrales y, como toda catedral, exigen un respeto total... y religioso... pero se ve que tienen prisa en reforzar la carga de esa línea porque aquello de la Lada-Velilla sigue sin arreglárseles y optan por la calle del medio... rápido, ya, a matacallando... ¿qué autoridad medioambiental dió permiso a esa motosierra?...

Ya se explicó un ingeniero salmantino al conocer las protestas: «¿Carrascas?... es lo que sobra, es el árbol más común de la península ibérica» (hacia el sur llaman carrasca a la encina, especialmente a la encina chaparra, a esa mata moñuda que aquí y en Zamora llamamos sardón ).

¿Por qué no hay tutela legal para todos aquellos árboles que pasen de cien o doscientos años si pueden vivir quinientos o mil?... ¿le estorba tanto una encina-catedral a esa despiadada recta del tendido eléctrico?...

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En Marrakech la palmera es sagrada, y no apean una aunque esté en mitad de la calzada estrangulando tráficos. Sitiados por la aridez, saben del valor de un árbol, los perdieron. Cuando mañana esa aridez se plante en Mansilla, ¿lloraremos al fin por encinas tronzadas y hechas leña?... en Marrakech miman y cuentan el agua... ellos nos lo enseñaron hace hace doce siglos, su arte del surco, la huerta, la fuente y el jardín... y sus palabras aún viven: alberca, acequia, aljibe, noria...