EDITORIAL: León, un ‘desierto poblacional’ que exige servicios y atención
La mitad de la provincia es un desierto en lo que a habitantes se refiere. Los ‘pueblos fantasma’ suman un porcentaje cada vez más a tener en cuenta, incluso inmersos en la dinámica de despoblación y abandono que León lleva décadas padeciendo. Porque todos los ciudadanos tienen por ley derecho a los mismos servicios, y eso es una exigencia que en un escenario como el leonés implica inversiones y recursos cuyo déficit sólo se justifica con las ecuaciones de rentabilidad social. Y esas no suelen salir, menos en tiempos de estrecheces presupuestarias y ajustes de déficits.
Las cuentas públicas cuadran aún menos cuando la práctica totalidad de quienes aún habitan estos desiertos estadísticos forman parte del grupo de la población dependiente. Un auténtico quebradero de cabeza en todas las sociedades desarrolladas, que ven cómo la conquista de la longevidad y el creciente envejecimiento de la población se traduce en cada vez mayores necesidades de servicios y atención que no se sostienen con el tradicional sistema de ingresos públicos.
León es una de las provincias del país con menor índice de personas en activo. Si hay que sumarle el parámetro de ‘activos con empleo’, en este momento la proporción se reduce aún más. Prácticamente un trabajador por persona dependiente. Un índice que en el conjunto de la nación es residual pero creciente, y que en las zonas más envejecidas (que suelen coincidir con las más desfavorecidas económicamente) sólo es sostenible mediante la firme defensa del mecanismo de solidaridad interterritorial que hoy se pone en tela de juicio.
Muchos de los descendientes de los ahora ‘pueblos fantasma’ tributan y son hijos y nietos de quienes aportaron sus impuestos a autonomías que hoy reclaman independencia en la gestión de sus ingresos. Sólo que los gastos están transferidos a provincias como León, tierra madre a la que emigrantes en el país o en el extranjero retornan en su etapa de mayor dependencia de los servicios públicos, especialmente sanitarios.
La solidaridad interterritorial es un objetivo que León (la Junta, a los efectos administración competente) no debe apear de su catálogo de reivindicaciones prioritarias. Las exigencias demográficas (geográfica y poblacionalmente hablando) de la provincia son muchas, pero su aportación durante décadas al crecimiento de otras zonas con economía más dinámica es innegable. Algo que aún hoy no sólo ocurre, sino que se intensifica. Razones de justicia social e intergeneracional sostienen la demanda de atenión de pueblos que, hablando fuera de la estadística, no son un desierto. Sus pocos residentes merecen igual atención.