EL RINCÓN
Misericordia
Desde el momento en el que Ramón Álvarez de Miranda, presidente del Tribunal de Cuentas, dice que «los abusos eran legales», no hay nada que hacer. Debemos renunciar a llevar la contabilidad porque son incontables los parientes con altos cargos, sin mencionar a los que se empinan para alcanzarlos. En las esquelas mortuorias figuran como «demás parientes».
Andan a codazos y aspiran a mojar su pan en la salsa del muerto. Entre todos han conseguido, intercambiándose facturas, superar el número de cohetes que caen diariamente sobre la Franja de Gaza. El buen entendedor, que es el que no entiende las cosas ininteligibles, debe colegir que se trata de eludir el detestable nombre de «huida», pero ya sabemos todos que en cualquier guerra la primera víctima es la verdad. Para protegerla y que no contamine a nadie, hay grupos humanitarios indignados por que se incluya a la prostitución en el nuevo cálculo del PIB. Saben que un gran porcentaje de las mujeres que ejercen ese duro oficio que permite conocer a mucha gente no lo hacen en uso de su libertad. Salvo en los casos de clara vocación, han tenido que elegir entre comer habitualmente o pasar hambre. También los católicos fieles a su obsesiva doctrina rechazan las bodas gais, el aborto y la contracepción. Buena le ha caído al Papa Francisco, que pide «respeto, compasión y delicadeza». Tres cosas que nunca han derrochado los componentes del alto clero, o bien que las han reservado para su uso exclusivo.
Entre los más notables descontentos españoles con el patrimonio negativo está Bárcenas, que exige 900.000 euros por despido improcedente. Sería apasionante averiguar quién podría ganar un Campeonato Mundial de la Desvergüenza. El Partido Popular dice que el extesorero no trabajó entre 2010 y 2012, pero le pagó la Seguridad Social y le retuvo el IRPF. La misericordia siempre alcanza un grado más alto que la Justicia.