Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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Se acerca el gran acontecimiento, y el sueño va a ser realidad. El mundial de ciclismo en carretera ya sale en la prensa nacional, no solo en la deportiva, y su peso va creciendo. Es más, da la impresión de que puede y debe ser el mejor campeonato ciclista celebrado en España. El más original, el más sorprendente. Porque va a ser en una ciudad inesperada, pequeña y algo remota. Y porque va a ser el mundial del interior noroeste, con sus ciclistas y directivos esparcidos por hoteles de Lugo y Valdeorras, de todo el Bierzo, de la Maragatería y León. Algo que es muy curioso y bonito, doblemente increíble. Porque estábamos acostumbrados a mundiales que se celebraban en grandes ciudades famosas europeas o americanas. Pero no en una comarca de bruma, agua y poesía. Ponferrada es la cuarta ciudad española en organizar un mundial tras Barcelona, San Sebastián y Benidorm.

Supongo que todos los avatares logísticos están bien organizados y no digamos los deportivos. Y lo que falte por pulir o concretar se irá haciendo en las semanas venideras, una vez que es verdad el mundial, que ya no hay dudas. Una competición que logró un ayuntamiento regido por el PP aunque con el apoyo del resto de la corporación. Y que es una fiesta para todos, políticos y ciudadanos. Y si hay inquinas y si continúa coleando el estrafalario cambio de poder en el consistorio de hace año y pico, todo eso debe ser dejado a un lado durante el mundial. Tiempo habrá para la guerra política a partir de octubre. Guerra dura y confusa. Porque nadie sabe qué puede pasar en mayo de 2015: cualquier vaticinio es imprudente.

Este mundial es de España pero, sobre todo, de Ponferrada. Su nombre es el que cuenta, el que saldrá por todas las televisiones del mundo. Y por eso la ciudad debería concretar al máximo su historia, su legado, su modernidad y su apertura al mundo. Sin olvidar, por otra parte, la difícil situación económica y social que atraviesan el Bierzo y su capital, el doliente marasmo que a casi todos afecta. Las pocas esperanzas. El mundial es para colocar el nombre de Ponferrada en el planeta. Y a su alrededor, como espléndidos satélites, Las Médulas, nuestro mayor tesoro; Villafranca del Bierzo, las tierras bravas del Valdueza, con sus monasterios e iglesias milenarias, y, por supuesto, toda la provincia de León. Y quien sabe si hasta la Deportiva saca algún beneficio de lo que ahora parece complicación feliz.

El mundial es una divisoria de aguas. En Ponferrada y el Bierzo habrá un antes y un después de esta cita internacional. Lo importante es que su fecha perdure como un hito. Como ha quedado, salvando las obvias distancias, la Olimpiada de Barcelona en la memoria colectiva. El mundial de ciclismo es nuestra Olimpiada, el momento mágico deportivo en cien años como poco. Y hay que vivirlo como es. Con proyección, con alegría y con gozoso estupor.

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