AQUÍ Y AHORA
La cifra
No sin firmeza y perseverancia, hemos conseguido que la deuda de España alcance ya el billón de euros. ¡Ésta sí que es gorda, comparada con la que nos resistimos a pagar a nuestros deudores!, pero la oímos como quien oye llover facturas y las deja correr hasta el mes próximo. Confiábamos en el hecho, siempre comprobado por los amantes del campo, aunque no sean krausistas, de que por mucho que se pisotee un hormiguero siempre quedan algunas hormigas vivas. ¿Y si fueran ellas los marcianos ya establecidos en este plante? Se lo preguntó Ramón Gómez de la Serna, el minucioso ‘revelador del universo’, que escribía borrando, ya que era imposible retener su renglón anterior, ofuscado por el resplandor del siguiente. Hay miles de millones de hormigas y cada una se merece la medalla al trabajo, pero también la deuda pública tiene su mérito: no sólo ha alcanzado el billón, con b de barbaridad, sino que cada día que pasa, persiguiendo infructuosamente al anterior, la acrecienta en 300 millones. Nadie debe preguntarse eso tan antiguo de dónde vamos a ir a parar.
Lo nuestro es imparable. Después de siete años de crisis, un Plan E y otros que no tienen nombre, hemos llegado a la cifra redonda que rompe la barrera del sonido financiero de Bruselas. Este país de cabreros, que decía Gil de Biedma, ha llegado a deber un billón de euros, lo que no deja de ser una cabronada. ¡Ahí queda eso!, le diremos a nuestros descendientes, disculpándonos por el descenso. Desde la llegada de Rajoy al poder, mediante legítimas elecciones, cada vez está más oscuro —color de hormiga, para seguir con el dichoso himenóptero— pagar lo que debemos: ha aumentado a razón de 300 millones al día. El presidente no puede hacer milagros. Es cierto, pero no lo es menos que un señor que no puede hacerlos no sirve para presidir el desastre. Necesitamos a alguien que nos engañe una vez más, que no será la última.