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ALCÁNTARA
León

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Mucha gente del interior, que es todo lo demás, quiere venir a las diferentes costas españolas durante este mes de agosto. Se aglomeran los siempre bienvenidos turistas y las mafias, que son listísimas y crecen con la torpeza de los vigilantes fronterizos, han ideado un sistema que evita a los que desean entrar que superen pruebas físicas atléticas o, lo que es casi peor, que se ahoguen.

Han descubierto un camino que ensancha el Estrecho y, además, es más corto.

Su único inconveniente es que resulta caro, pero las mafias también se enfrentan entre ellas y entablan guerras de precios, a ver quién pone más barato pasar el charco lleno de cadáveres sumergidos.

Por 4.000 euros los mafiosos que operan dentro de Marruecos le ofrecen a su respetable clientela llevarla a España en apenas un cuarto de hora a bordo de motos acuáticas tan celéricas que ni dejan estelas en la mar ni permiten que el viajero vuelva la cabeza para despedirse de su maldita patria y cerciorarse que sigue donde siempre.

No se sabe con certeza donde se quedan los que vienen, pero se sospecha que no todos se establecen en Marbella para asistir a una de esas fiestas donde los desconocidos se abrazan y los que no se habían visto en su vida se alegran por verse por primera vez. ¿De qué hablarán en esos ágapes?

No en todas las cuchipandas benéfico musicales puede actuar el gran Julio Iglesias, que está tan disecado que parece que está vivo.

En los cónclaves costeros, según dicen, también hay clases y el que no tenga un surtido de vistosos pantalones, si repite el color rojo o el verde, incluso el blanco, que también es un color, se considera un desdichado.

Un intruso indigno de codearse con alguien que no vaya próximamente a Saint Tropez, o bien que no haya venido de allí, que ya no hay distancias, como sabe todo el mundo.

Incluso los que no viajamos desde hace años, salvo alrededor de nuestro cuarto.

El verano es una tregua, pero también una simulación.

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Casi nadie es lo que parece. Por eso todos, o casi todos, parece que son completamente felices.