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Javier Fernández Arribas
León

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El papa Francisco ha planteado una cuestión muy trascendente, por lo que supone de respaldo a los bombardeos contra las milicias asesinas del Estado Islámico en Irak, aunque puntualizó que no apoya ni los bombardeos ni las guerras sino las acciones en Naciones Unidas; y muy relevante por lo que significa de reclamo a recuperar la autoridad internacional que ha residido en las últimas décadas, de facto, en los Estados Unios con consensos puntuales en Naciones Unidas y con acciones unilaterales más discutibles como ocurrió en Irak con algunos apoyos de sus aliados más directos. En su momento, las críticas a que Washington fuera el Gendarme del Mundo se elevaban cuando chocaban con intereses de algunas superpotencias como Rusia o China o potencias medias como Francia, sobre todo con actuaciones indirectas en algunos países de África. Sin embargo, en los Balcanes sacaron las castañas del fuego a los europeos. Hoy en día, la hegemonía norteamericana se ha diluido por la dura factura que se ha cobrado la crisis económica provocada en gran parte por la falta de regulación de un mercado financiero insaciable y sin escrúpulos y por los elevados gastos multimillonarios de las intervenciones en Afganistán e Irak.

El presidente Obama ha dedicado gran parte de sus esfuerzos a la recuperación interna y ha dejado sitio en la escena internacional a otros protagonistas que lo han aprovechado para su propio aprovisionamiento y para reforzar sus posiciones en conflictos como Siria, Libia, Ucrania o República Centroafricana. La Unión Europea no ha sabido, ni podido, ni soñado con asumir ese papel internacional debido a sus graves divisiones internas y su falta de recursos. El caso es que la degradación de algunos conflictos ha encendido todas las alarmas ante la pasividad de la llamada Comunidad Internacional porque los asesinos del Estado Islámico, repudiado incluso por Al Qaeda por la brutalidad de sus ataques contra la civiles a los que decapitan y crucifican impunemente, han logrado el control de zonas petrolíferas en el norte de Irak y de Siria; así como infraestructuras básicas de agua que ya han sido recuperadas por las fuerzas kurdas.

Los bombardeos norteamericanos contra las fuerzas del EI ayudan a contenerlos, el envío posible de armas europeas a los kurdos bajo el control de Bagdad puede crear más problemas que soluciones; en definitiva asistimos a una pésima resolución de la guerra en Irak por parte norteamericana que difícilmente va a sofocar la amenaza yihadista sino se produce una intervención militar occidental. Pero, ¿quien va a meterse de nuevo en el avispero iraquí? Desgaste de opinión pública, enormes gastos económicos y bajas, intereses contrapuestos con otros países, pero no hay otra opción si como reclama el papa, queremos frenar al agresor injusto.

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