EDITORIAL
EDITORIAL: Deberes muy importantes con la Declaración de León
Todos los sistemas realmente democráticos tienen su base en el parlamento. Encarna la soberanía nacional, la verdadera voz del pueblo que elige directamente a sus representantes. Y en esa fórmula de gobierno es de justicia reconocer el papel pionero que tuvo León allá por 1188 de la mano del rey Alfonso IX. Estos días la cumbre de parlamentos autonómicos así lo ha puesto de manifiesto pero han sido unas jornadas de trabajo de las que surgen además una serie de retos a través de lo que se ha denominado como Declaración de León.
Es verdad que la soberanía popular reside en las Cortes generales pero en un sistema tan descentralizado como el español es justo reconocer el papel que tienen esos parlamentos de las comunidades, esas cortes que están si cabe un paso más cerca de los ciudadanos y de sus verdaderas preocupaciones e inquietudes. Y en un momento como éste en el que se hace totalmente evidente la necesidad de reformular aspectos importantes del sistema la Declaración de León alerta de que los parlamentos, como sinónimos que son de la democracia, deben evolucionar y perfeccionarse para adaptarse a las necesidades y aspiraciones de la ciudadanía, de la que son portavoces y delegados.
El compromiso que surge de este encuentro en un lugar tan emblemático como San Isidoro pasa por establecer un contacto más fluido, cercano y permanente entre representantes y representados, aprovechando especialmente las nuevas tecnologías.
La Declaración de León no debe quedar en papel mojado. Sus principios aciertan plenamente en muchos aspectos con los problemas que tiene el sistema democrático español. Los ciudadanos deben sentirse protagonistas y verdaderos artífices de su futuro.