FUEGO AMIGO
Leoneses en el Planeta
Cada año la noche de Santa Teresa resuelve la quiniela del Planeta, que es el premio comercial mejor dotado y quizá también por eso el más desacreditado del bazar literario. Este año se cumplen treinta de la última presencia de un escritor leonés en la final del premio. Fue Raúl Guerra Garrido con la epopeya berciana El año del wolfram . Al siguiente, el premio fue para el psiquiatra Vallejo Nágera y la consolación para Umbral, que aguó su vanidad llamándole gilipollas. Estos menudillos los cuenta Rafael Borrás, urdidor de la tómbola durante años y luego despedido de Planeta.
La edición de plata recayó en Jesús Torbado por una ucronía sobre la guerra civil, que hacía ganar a los perdedores. Fue el primer premio ya sin Franco, dotado con cuatro millones de 1976. Seis años después lo recibió Jesús Fernández Santos con Jaque a la dama, una de sus novelas más flojas. Y no ha habido otro en más de seis décadas. El primer Planeta se había fallado el 12 de octubre de 1952 en el Lhardy de Madrid, con un jurado por el que revoloteaban Ruano, Pedro de Lorenzo, Bartolomé Soler y varios figurantes de servicio. Ganó Juan José Mira, responsable cultural del PCE en la clandestinidad, y quedó tercero el favorito de todas las apuestas: Felipe Ximénez de Sandoval, biógrafo de José Antonio. La dotación era de cuarenta mil pesetas. Finalista fue el escritor de Montejos Severiano Fernández Nicolás, que acaba de cumplir 95 años. Su novela Tierra de promisión plantea el conflicto entre un padre y su hijo ingeniero por la construcción del embalse de Luna. Un tema demasiado sensible, que mostraba su cara más negra en medio de la fanfarria de los pantanos.
En aquella misma década de los cincuenta, otros dos leoneses llegaron a la final. En 1957, el año que ganó Emilio Romero, estuvo en la baraja decisiva de novelas Almas sin cuerpo , de Ventura Bobis Zapico (1935-1972), un chaval del Crucero que había quedado parapléjico en una zambullida al Bernesga. Ventura era hermano del pintor César, que en la transición ilustraba los libros de Akal, y del inventor Emilio, que lo mismo patenta filtros para el rubio americano que placas de imanes terapéuticos. Los Bobis venían de Torre del Bierzo y militaban en la oposición comunista o en su repudio, como Emilio, que también tuvo una etapa gloriosa de curandero con imposición de manos. 1958 fue el año de la bofetada a Luca de Tena, reparada con el premio tres años después. Y en el lote final se situó La última semana de noviembre , del prolífico Juan Ignacio Ferreras, un leonés de Sabero nacido en Tetuán. En 1967 probó suerte Crémer con Historias de Chu Ma Chuco , pero el premio se lo llevó sin disimulo Lera, su conmilitón sindicalista con Pestaña de los tiempos de la guerra.