SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA

Ébola en positivo

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León

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Todos los sucesos acaecidos en los últimos meses en España relacionados con el ébola configuran lo que se podría calificar como la crisis del ébola. Me atrevo a denominar crisis a una sucesión de hechos dramáticos en algunos casos, en otros surrealistas y alguno que otro ridículo. Dramáticas son las muertes de los misioneros, la lucha por la vida de Teresa y la angustia de los que tienen que esperar los resultados de los test para confirmar que están libres de la infección. Surrealistas fueron determinadas situaciones provocadas por la desinformación generada por el protagonismo de quienes no debieron ser nunca protagonistas, aquellos que no tenían respuestas técnicas y precisas. Cada uno debe hablar de lo que sabe y si no sabe o desconoce, reconocerlo y dejar paso a quién puede aportar luz y no incertidumbre. Finalmente, ridículas porque fruto de la desinformación, los rumores ocuparon el lugar de una información clara y concreta como por ejemplo las especulaciones sobre los medios de transmisión del virus.

Dicho esto, creo que debemos de extraer como de toda crisis lo más útil y positivo para el futuro y dejarnos de autoflagelarnos, que se ha convertido en el principal vicio sadomasoquista nacional. No lo hemos hecho tan mal, al menos no peor que los países más desarrollados del planeta, por ejemplo EE UU donde sus recursos en investigación y sanidad están muy lejos de nuestras posibilidades.

Primera actuación positiva. La repatriación de los dos misioneros. La hicieron quienes debían hacerlo: los militares. Las razones son obvias, tienen la preparación y lo que es más importante, disciplina y voluntad única. Operación impecable, arriesgada, realizada en tiempo récord y con eficacia total. Ningún contagio y ninguna voz más alta que otra. El equipo sanitario militar simplemente cumplió perfectamente su misión de trasladar a dos nacionales en situación de máximo riesgo.

Respecto a la repatriación me gustaría apuntar tres razones por las que la decisión de traer a su tierra a los dos misioneros fue correcta. En primer lugar por humanidad. ¿Qué es un ser humano sin humanidad? la respuesta es obvia: nada. En segundo lugar existe una razón legal. Los estados están obligados a proteger a sus nacionales se encuentren donde se encuentren. No es un principio voluntarista, es una obligación impuesta por la Ley a todo Estado. Finalmente y como tercera razón, por puro egoísmo. Los misioneros y demás personal sanitario que están luchando contra el ébola en los países de origen forman nuestra primera línea de defensa. Sin ellos la situación sería catastrófica para nosotros, los que estamos tan a gusto temiendo un contagio remoto. Al menos, supongo que si les damos garantías que ante un contagio cuidaremos de ellos lo mejor posible y en caso necesario los repatriaremos no se sentirán abandonados a su suerte.

Segunda actuación positiva. Un grupo de personal sanitario se ofrece voluntario para cuidar a los dos misioneros. Como siempre el mayor activo de nuestra sanidad son los profesionales. Hay que ponerse en la situación de estos profesionales y tener lo que hay que tener para ofrecerse voluntarios ante una situación de incertidumbre y fundamentalmente carente de experiencias previas en nuestro país. En este grupo está Teresa. Extenuados, trabajando con discreción y eficiencia serán apoyados por personal militar sanitario. Otra vez los militares, como siempre.

Tercera actuación positiva. A consecuencia del contagio de Teresa saltan todas las alarmas. Obviando lo que ya todos sabemos, el lío monumental que se forma y quizás por eso, se comienza a gestionar la crisis de forma eficiente que ha terminado con la felicitación de la Unión Europea a España.

El director de la Misión de la ONU para la Respuesta de Emergencia al Ébola Anthony Banbury afirmó que ni la ONU, ni los gobiernos estaban preparados para luchar contra esta plaga. En el mismo sentido se han manifestado los responsables de la Organización Mundial de la Salud.

España no lo ha hecho peor que otros países occidentales, los resultados están ahí. Lo que hemos hecho mal ha sido una vez más transmitir al exterior una imagen de enfrentamiento cainita estéril. Centrando los debates en cuestiones irrelevantes y protagonizados por personas no capacitadas técnicas ni profesionalmente.

¿Qué relevancia tenía si Teresa pudo cometer algún error que desencadenó su contagió cuando se estaba debatiendo entre la vida y la muerte? Ese no debió ser el debate, sino un aspecto a estudiar por los técnicos para obtener conclusiones y optimizar la lucha contra el virus. Además, Teresa con su generosidad, humanidad y valentía está muy por encima de cualquier juicio negativo hacia la comisión por su parte de algún error en el protocolo. Que se lo pregunten a la misionera Paciencia, también afortunadamente curada de ébola, cuando explica que se le caían las gafas atendiendo a los enfermos y ella misma se las colocaba con sus manos porque no veía sin ellas.

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Otro factor a tener en cuenta es que el virus se equivocó de huésped y ahora que Teresa se recupera podemos decir al igual que Washington Irving que los gallegos son la raza más fuerte del mundo. Hace falta algo más que un bicho maligno para tumbar a una gallega y además de Becerreá.