Ponferrada

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A Mariano Rajoy lo han pillado cazando elefantes. «En nombre del PP quiero pedir disculpas a todos los españoles por haber situado en puestos de los que no eran dignos a quienes en apariencia han abusado de ellos», dijo el martes en el Senado, emulando al Rey Juan Carlos tras su accidentado viaje a Botswana.

Pero pedir perdón no basta. La pocilga huele demasiado. Y tampoco soluciona nada un pacto como el que el PP y el PSOE se disponían a firmar antes de las últimas detenciones. A ninguno de los dos grandes partidos que se han alternado en el poder desde hace 40 años les ha interesado atajar la corrupción. No han dotado de medios a los jueces. No han destinado suficientes policías ni inspectores para investigar a los grandes defraudadores, los sobornos y las comisiones ilegales. Y en lugar de fiscales independientes, han usado al Ministerio Público como correa de transmisión de sus intereses.

Si es verdad que quieren luchar contra la podredumbre deberían empezar por apoyar a los jueces y crear unidades policiales bien equipadas. Deberían seguir por la escuela. Hace falta una buena educación cívica para cambiar la mentalidad de un país donde el clientelismo ha colocado a demasiados mediocres «en puestos de los que no eran dignos». No somos eficaces. Y la corrupción genera pobreza.

Y no debería faltar una reforma profunda del sistema; limitación de mandatos, listas abiertas, mecanismos de control en manos de los ciudadanos y un cambio en los procedimientos de enjuiciamiento criminal. «La ley está pensada para el robagallinas y no para el gran defraudador», decía hace unos días el presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, en otra frase antológica.

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Alguno se preguntará dónde empezó todo. Dónde está el pecado original para que hasta el Rey pida disculpas. Yo les dejo aquí mi opinión por mucho que me duela; nuestra democracia nació con la semilla de la impunidad. De un país que tiene a más de cien mil muertos en cunetas y una Ley de Amnistía que dejó sin juzgar «los delitos cometidos por funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas» no se puede esperar otra cosa. Fosas y mordidas. ¿A qué les recuerda?