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MANUEL ALCÁNTARA
León

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E l papanatismo no es una exclusiva nacional, pero debemos reconocer que se nos da bastante bien. Aquí admiramos a Miró no por osadía candorosa de su pintura mejor, sino por las liendres de colorines que urdía cuando era un viejecito sonrosado y siempre contento. La batería cultural ha extendido la creencia de que es genial todo lo que haga un genio y está mal visto decir que Picasso, que de verdad era grandioso, pintó también cosas pequeñas que no añadían nada a su inmarchitable obra, pero sí mucho dinero a su cuenta corriente. Hace algunos años, para delatar a los admiradores incondicionales, un grupo de estudiantes italianos de bellas artes esculpieron varias estátuas siguiendo el estilo de Modigliani, que pintaba todas sus figuras rematando un córner. Hicieron su artística tarea ante notario y después la sumergieron en un río. Cuando fueron descubiertas, los más prestigiosos críticos de la divina península certificaron su autenticidad. ¿Quién desmonta ahora al ‘pequeño Nicolás’? Está acusado de falsedad, estafa y suplantación de personalidad. Ha implicado a la Casa del Rey, a la Vicepresidencia y al CNI. Es el más joven engañador de nuestra historia. Un fenómeno de precocidad solo comparable al de Mozart.

Los que admiran incondicionalmente no le ponen tampoco demasiadas condiciones a los de Podemos. Les basta con sospechar que lo peor de lo pésimo no puede ser malo. Agrupar descontentos, si se acierta con su técnica de reclutamiento, es en estos momentos una estrategia infalible.

¡Todos contra Podemos! A ver si podemos con él. Da igual que sea un becario más o menos displicente con sus obligaciones que uno de los más acreditados granujas que ha recibido indemnizaciones millonarias por dejar de robar

Los truchimanes de poca monta se confunden con Bárcenas y con sus traidores cómplices. A los del llamado ‘Coleta’ están deseando pillarlos en algo.

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A ver si alguno se dejó sin pagar una cajetilla de Ducados en el estanco y eso puede servir para inhabilitarnos para que admiremos a los que quieren cambiar las cosas. Les pueden quitar la palabra, pero no los votos. Oído al número. Ahora sonantes.