León

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E l galgo lidera la lista de productos codiciados por los manguis en León en las últimas semanas; un día como hoy se afanan más galgos que ideas en la red. Y dada la promiscuidad del asunto, quién sabe ahora cuánto animó al delito aquella declaración solemne del último bastión del clan de los Kennedy en León, que desde su cargo de gobernador civil, o como quiera que se llame este adeudo, sentenció que las fuerzas del orden no estaban para perseguir minucias. Lo mismo argumentan los del bando contrario para explicar el desarme de la sociedad civil contra los maleantes de cuello blanco; que el Código Penal está adaptado a robagallinas, no a usureros de cuello blanco y tiempos modernos. Con la afición que existe ahora por los plebiscitos, igual era bueno preguntar al vulgo que paga con impuestos el sistema y los sueldazos de quienes lo dirigen hacia dónde encauzar las preferencias; si destinar agentes a combatir al ejército de rateros que cada noche sale a buscar mercancía estacional o a la élite de cuello blanco y mano sucia que limpia el fondo de la caja de caudales públicos. El escrutinio sería sorprendente. Del galgo se pasa al pavo y a los pollos de corral, manjar apetecido en las fechas que se van a anunciar con luces, para gloria de las eléctricas de la tarifa plana, y de ahí regresarán al cobre y a las rejas, que siempre se han mantenido como elemento estable en este mercado del choriceo. Las estadísticas son una cosa y otra distinta la satisfacción del atracado, que igual sufre la ocupación de una finca, el desfalco de sus propiedades y la sensación de abandono en medio de un campo despoblado y cada vez más desasistido. Hay tramos del territorio en los que el derecho a la propiedad privada sólo existe en la Constitución. No hay frustración más grande que la indefensión ante el delito. No quedarán galgos en las rehalas antes de que llegue la luna llena de diciembre, señalada en el calendario de los rateros y mangantes como condición esencial para desfalcar los corrales de manjares en la mesa del consumismo navideño. El destino de los botines es carne de mercadillo; que lo que los cuatreros robarán esta noche, antes del viernes ya estará vendido, desplumado y puede que hasta descuartizado. Hay cosas infames en este León a la intemperie que campa después de la noche de difuntos, cuando se trancan las puertas y se apaga la luz; y no vuelve la vida hasta el Jueves Santo.

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