Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

Creado:

Actualizado:

M is queridos y espero numerosos lectores: dicen que la auténtica patria es la infancia, un tiempo plagado de esperanzas futuras que deja secuelas imborrables en el resto de nuestras existencias. Ayer mismo, en un ejercicio de compañerismo retardado, nos reunimos de jarana la promoción de alumnos que finiquitó su trayectoria en el Leonés hace la friolera de cuarenta años, más o menos allá por la época de Pocahontas. Ya que la realidad tiene una lectura bastante amarga, es necesario poner en valor sentimental el reencuentro de aquellos chavales que pasaron por las aulas del Colegio Leonés hace tantísimo tiempo, dispuestos a sacudirse el polvo de la ignorancia. Aseguran que el estudio es la higiene del espíritu, y de ello sabe bastante un centro educativo que lleva en su título un marchamo de leonesidad. Una cadena de generaciones ha ingresado en el Colegio Leonés desde que iniciara su andadura en 1896, cuando don Antonio Belinchón fundaba un colegio en la castiza calle del Paso, regido por principios pedagógicos con planteamientos valientemente innovadores para aquella severa sociedad.

La memoria común al estilo de la magdalena de Proust resulta muy gratificante, por lo que todo fueron parabienes y dientes blancos a la hora de repasar las tribulaciones de nuestras respectivas trayectorias. Algunos de los antiguos compañeros se han ido quedando en el camino ya que la vida, por uno y otro motivo, se los ha merengao. Pero la legión de supervivientes disfrutamos de un acto de alta proteína, comida incluida en la colegiata de San Isidoro, dedicado al chachareo amable sobre tiempos venturosos que se fueron para siempre. Una velada consagrada al altar del recuerdo y desarrollada entre grandes dosis de emotividad. Así que hasta la próxima, compañeros, y que santa gloria haya para todos.

Cargando contenidos...