SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA

Ética global, justicia global

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León

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E stas líneas las estoy escribiendo en plenas navidades. Me resulta imposible no tener presente a todas aquellas familias que no pueden disfrutar de la compañía de sus seres queridos precisamente ahora porque fueron asesinados por terroristas. Víctimas de una violencia cruel y sistemática que históricamente ha acompañado a los seres humanos.

Un análisis de lo que el terrorismo ha supuesto en España desde finales del siglo XIX, nos demuestra que ni el anarquismo primero ni el terrorismo de ETA después han conseguido derrotar al Estado por la fuerza. Un Estado mínimamente cohesionado y estructurado es mucho más fuerte que cualquier grupo terrorista.

Frente al terrorismo se pueden adoptar dos posiciones. La primera, derrotarlo por lo que podríamos definir como aplastamiento. Esto supone utilizar todos los medios legales e ilegales, incluyendo en estos últimos la violación de los derechos humanos. Esta posición la han adoptado históricamente las dictaduras. Suele ser eficaz, la maquinaria represiva del Estado dictatorial asfixia mediante una brutal represión y control social al movimiento terrorista de turno. Ejemplos de ello son sobradamente conocidos.

La segunda opción frente al fenómeno terrorista es la que adoptan los Estados de derecho. La lucha contra el terrorismo se afronta desde el principio de legalidad, el respeto a los derechos humanos y el principio de proporcionalidad. No puede ser de otra manera en un Estado de derecho. A veces a todos se nos viene a la cabeza la idea de que los terroristas se aprovechan de los márgenes de libertad de los Estados democráticos para atenuar sus responsabilidades y forzar negociaciones con las que introducirse en el sistema y erosionarlo desde dentro.

Lo cierto es que desde el último cuarto del siglo XX en Europa Occidental han ido desapareciendo progresivamente los grupos terroristas. Es el caso de Alemania, Francia, Italia, Gran Bretaña y en España nos encontramos en un proceso en el que al menos llevamos cierto tiempo sin sufrir atentados.

Muchos estudiosos del fenómeno terrorista consideran que la democracia es una solución al terrorismo. Parten del principio que se debe focalizar la lucha en la génesis del hecho terrorista, no en eliminar a los terroristas. La creación de encuentros para el diálogo y espacios para la participación política, se esgrimen como argumentos para la prevención y como vías de solución a este tipo de conflicto armado.

El terrorismo es un medio para conseguir un fin. Como tal, una de las posibles vías para su erradicación consiste en convencer al terrorista que dispone de otros medios para conseguir sus fines. Ello pasa porque tomen conciencia de que mediante la violencia nunca los alcanzarán. Ahí es donde el Estado de derecho desarrolla todas sus capacidades policiales y jurídicas deteniendo y encarcelando a los terroristas.

Una vez asumida esta realidad por los terroristas se pueden adoptar dos posiciones. Una, no abrir esos espacios de diálogo o participación a los terroristas. Dos, hacerlo. En este segundo caso los grupos terroristas se transforman en formaciones políticas que participan del juego democrático.

La cuestión clave es si estas nuevas formaciones políticas están dispuestas a asumir lealmente las reglas del juego y la ética global que presiden los Estados de derecho. Para ser más preciso, ¿han renunciado a aquello que en su momento pensaron que sólo podrían conseguir por medios violentos? ¿Está dispuesto el Estado a concederlo?

Cuestión no menos importante es la referida a si las nuevas formaciones políticas están dispuestas a asumir el principio de justicia global y permitir que se aplique la ley a los presos condenados por terrorismo y se reconozca a las víctimas su derecho a la reparación.

Nadie nace terrorista ni víctima. Pero una diferencia sustancial entre el uno y la otra es que el primero ha elegido serlo y la segunda no. Además, la segunda ha sido seleccionada por el primero. En un camino hacia la paz considero que es muy importante no perder de vista esta cuestión. Son muchas las vías que se han usado para resolver este tipo de conflictos, desde la amnesia y empezar de cero una nueva sociedad a pedir perdón por parte de los culpables. Es un camino muy difícil donde no hay soluciones plenamente satisfactorias para ninguna de las partes como también demuestra la experiencia.

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En estas Navidades no he podido dejar de pensar en las víctimas del terrorismo porque gracias a ellas estoy escribiendo en paz y libertad estas líneas.