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PEDRO TRAPIELLO
León

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T odos nos preguntamos (sin que nadie responda definitivamente) por qué hoy se ven muchas más demencias seniles que antes... o más alergias, más celíacos, más escleróticos o cancerosos. Si aceptamos ese principio que dice Somos lo que comemos , habrá que deducir que todos los nuevos males (y su expansión) se deben principalmente a lo que entra por nuestra boca, la comidita.

Dicen que nuestro organismo está moldeado por lo que comieron nuestros antecesores en cuya cocina se fue codificando nuestra herencia genética. En León, por ejemplo (y por abreviar), somos hijos de la hogaza, la berza y la orza, o sea, hidratos de carbono y grasa animal como munición diaria; llámalo también potajes, legumbres, hortalizas, corderos, patatas, chacinas, arroces... vieja dieta.

Ni que decirse tiene que en los últimos cuarenta años la dieta del español ha dado un giro radical y ya no sale de los tumbos erráticos. En los últimos cinco años, por ejemplo, el consumo de legumbres en España ha descendido a la mitad y no llega a seis kilos por habitante al año... ¡quién diría que un día fuimos una nación garbancera!

Si antes se comían básicamente productos del país y de temporada, hoy el año ya no tiene estaciones en el súper o ultramarinos y en enero sales de ahí con uvas sudafricanas, cerdo yugoslavo, melón ecuatoriano, salmón noruego o leches merengadas de la Conchinchina... si añades el consumo creciente de comida rápida o prefabricada, hamburguesería yanqui, pizza italiana, taco mejicano o turco y pamplina japonesa, es natural que tu organismo se confunda o resienta con tanta proteína extraña o gritona; y su respuesta será una enfermedad nueva, un bicho raro en las entrañas, un órgano esferulado.

De lo que comiste, come .

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¿Dietas?... las de tus abuelos, que comieron bárbaro, pero a la fuerza escaso o con cartilla. La fórmula de la longevidad que nos brindó aquel paisano de la Valdería de 111 años también lo deja claro: Poco plato y mucho zapato , pues quedarse con algo de hambre en las comidas ya era regla cervantina. Come de todo, modera el ansia... y cocina algo en homenaje a tu abuela, anda.