Diario de León

Publicado por
Antonio Barreñada García PRESIDENTE CSI.F-SECTOR Universidad Castilla y León
León

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A cabar con la Universidad : es el título de un artículo de opinión de Francisco Muro de Íscar publicado en el Diario de León de este 2 de febrero. En dicho artículo —como en muchos otros que en estos días, con serias críticas los más, abundan en prensa (más que en el ámbito académico, un tanto hibernado en período de tránsito cuatrimestral)— se hace, entre otras, valoración de la aprobación, en Consejo de Ministros del pasado viernes, de la reforma del Real Decreto 1393/2007 por el que se establecieron las enseñanzas universitarias oficiales, nuestro sistema de títulos de grado y másteres, venido ahora en ser «optativo» entre la situación previa y el ya hecho emblemático «3+2».

Demasiadas modificaciones, reformas, en demasiado corto espacio, para una supuesta convergencia europea que comienza por ser imposible homologación en el propio patio. Reforma impuesta, por mucho que se haya servido de un falso escenario previo de disposición a las aportaciones y la reflexión, en el que, desde el inicio del verano, se venía jugando con ambigüedades. Al proyecto de reforma se manifestaron oposiciones por parte de la Conferencia de Rectores, de los estudiantes, los representantes sociales, e, incluso, a su manera, el Consejo de Estado. A su vez, constaba el agrado de algunas universidades públicas de Cataluña (por ejemplo) o el elocuente silencio de las privadas.

Como ventajas esgrimidas por el reformador se manifestaban el ya aludido carácter voluntario del cambio o un, cuanto menos sorprendente, presunto ahorro para las familias en el coste del servicio-producto de la Enseñanza Superior. Tal afirmación del ministro Wert puede optar, en justicia, a ser llevada a su próxima cita de los Goya, si no lo confundiera con el mejor humorista del momento. Más allá de la progresiva devaluación de la Enseñanza y sus títulos, el incremento sufrido en tasas, los recortes en inversión y becas, el coste de másteres oficiales triplica, de media, el de los correspondientes a créditos de grado. La «versión oficial» es que no todos los ejercicios profesionales exigen máster junto a grado, que con esta nueva oferta se atraerá a numerosos estudiantes extranjeros y, lo que es más, que los nuestros competirán de manera más armónica en el «mercado» europeo; cabría pensar, si no doliera demasiado, que eso es evidente en sectores germánicos, británicos… del fast-food, por ejemplo.

Ni en tiempo ni en forma, ni en planteamientos ni en objetivos, la reforma de la reforma puede considerarse positiva. El 2 de febrero, también, se reunían los rectores en su órgano, los estudiantes en el suyo, para valorar el real decreto del «3+2» —ya se sabe que el resultado, según «leyes de mercado», nunca es 5—. Lo más trascendido de ambas reuniones son los anuncios de próximas movilizaciones por parte de estos, y el acuerdo de aquellos de una moratoria en la aplicación de lo contemplado en el Decreto. No puede pasar inadvertida la forma en que se llegaba a dicho acuerdo en la Conferencia de Rectores (Crue), y merece la pena recalar en quiénes mostraron (votos en contra y abstenciones) los claros intereses de este proceso.

Uno entiende en su ingenuidad que las reformas se han de proponer y realizar para fortalecer, no estrangular, a los más débiles, tanto en la escala del individuo como en la de la sociedad. Las repercusiones de este nuevo «tumbo» en el sistema universitario español sobre el ámbito de la comunidad de Castilla y León van a ser muy especialmente evidenciadas, más en las dos universidades públicas de menor dimensión (Burgos y León), pero sobre el conjunto, la competencia con los másteres de oferta privada, o de las más poderosas de otros territorios, tiene sombra demasiado alargada. Queda ahora por ver cómo se completa desde la administración territorial la respuesta dada por el Consejero de Educación en Pleno de Cortes del pasado 9 de diciembre: «… nosotros vamos a proponer… en el momento en el que este real decreto esté proyectado, cómo vamos a poner sobre la mesa lo que debemos de hacer con relación a los cambios, si se quieren o se pueden hacer».

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