Publicado por
EMILIO GANCEDO
León

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T odos tenemos nuestro cubo de basura particular a la puerta de casa. Todos. En unos hay desperdicios normales y corrientes, mierda de clase media depositada en bolsas de supermercado con sus raspas de pescado y sus mondas de plátano asomando como en los tebeos, y otros se parecen más bien a bocas negrísimas, a ojetes sin fondo, todo muy black , y allá dentro a ver quién es el guapo que se mete: te puede salir el dóberman del jardín o el guardia jurado de la urbanización y el mordisco o la multa o el correctivo están asegurados.

Hay gente especializada en husmear cubos de basura. Verdaderos profesionales de la cochambre, expertos en sobras a tiempo completo. Meten el hocico y seleccionan cuidadosamente las porquerías —esta me vale, esta no—, introduciéndolas con cuidado en bolsitas de plástico y llevándolas rápido a la redacción del periódico o a la sede del partido.

El oficio resulta útil —el carroñero es pieza clave de la cadena alimentaria— sobre todo si se practicara ante todas las casas y en cada una por igual. Pero cuando se merodea siempre delante de los mismos hogares, con una insistencia propia de alimaña, la cosa adquiere visos de obsesión y de comedia patética, especialmente si los despojos exhibidos en la plaza tienen tan poca consistencia, si tan pobre es el trofeo.

El espectáculo de los partidos tradicionales y de parte de los medios alanceando a Podemos no sorprende pero es digno de estudio. Da miedo su miedo. Tiene que ser muy frío el sudor que les recorre la nuca para prestarse a ejercicios tan burdos como estos que vemos de heraldos del apocalipsis. Son Eta, quieren traer el chavismo a España, van desnudos por la playa, huelen mal («son caca», dijo uno del Pepé, como en el patio del colegio), todo vale para denostarlos, y uno no puede evitar preguntarse el por qué de una furibundez que nunca desplegarían con otros, el afán por inventar puntos que no vienen en el orden del día del programa y el hecho de ignorar que aquí, cada cuatro años, la gente tiene la facultad de sacudir las alfombras; si estos no cumplen, patada y puerta.

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La crítica y la duda siempre son positivas pero esta cabalgata de las calamidades ya cansa, atufa y escama.