León

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N o están las cosas como para tener fe, que además eso de la sumisión, ya sea a una idea, ya a una persona, ya a un partido, siempre me ha parecido una falta de estilo. Pero me resisto a creer que alguien como Albert Rivera vaya a dejar la cosa en León en manos de una persona que considera que los empleados son sólo fuerza de trabajo, en manos de alguien con una perspectiva de la economía prerevolucionaria y me estoy refiriendo a la revolución del XIX, no a la digital. Porque, a ver, que Garicano me diga qué puede aportar a la evolución una persona que piensa que los trabajadores no son parte de la empresa, que no aportan valor añadido, que son simples semovientes, ganado estabulado al que cebar o llevar al matarife según sople el viento.

Y eso ahora, en un momento histórico en el que ya no podemos emplear la palabra economía sin añadirle el adjetivo colaborativa, en el que se diluyen los muros de los despachos y cada vez es más complicado saber dónde está el verdadero poder.

Los políticos que no apliquen los conceptos del consumo colaborativo a su hoja de ruta están aviados porque este presente ha llegado para quedarse y eso conlleva varias cosas. La red entre iguales también se aplica a la relación entre alcalde y conciudadanos y no parece que Crego comprenda qué es eso del peer to peer . No voy a entrar en lo de la boutade del despido, ni en lo de Transcom, que si vinieron los suecos y tal, que por qué pasó, que si lo de Telemark, que si caballo o yegua, que todo eso no me hace falta para alertar a la dirección del partido de que una apuesta incorrecta puede llevarles a desaparecer antes de haber nacido.

Y todo por soltar la liebre de que se va a fiar el corral a un parvenu , que en León nos conocemos, que esto es un pueblo y todos tenemos un amigo que tiene un amigo y... Vamos, que estoy segura de que a vosotros ya os han llamado varios de esos, que tenéis a los afiliados encendidos. «Oye, como esto sea verdad, yo me borro» y esta frase no me llega aislada, que conste que son más de dos y de tres los que no pueden creer their ears , que diría un guiri. Yo tampoco creo lo que veo, pero es que, como dije al principio, yo no me pliego con facilidad a la sumisión. Por eso, y aunque esto sea una paradoja, estoy segura de que todo esto no es más que una estrategia para quitarse de encima a Sadat Maraña —qué cruz— y vacunar al partido para siempre de oportunistas.

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