Publicado por
Graciliano Palomo GARCÍA abogado
León

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H oy se celebra el Día Mundial del Agua bajo el lema Agua y desarrollo sostenible . Por razones obvias las mayores necesidades referidas al agua se encuentran en los países del antes llamado Tercer Mundo y ellos centran la atención de esta jornada. Entre los Objetivos del Milenio, fijados por la ONU en el año 2000, figura con el número 7 el de «reducir a la mitad, para 2015, la proporción de personas sin acceso sostenible al agua potable y a servicios básicos de saneamiento», porque «cuatro de cada diez personas en el mundo carecen de acceso a una simple letrina y casi dos de cada diez no tienen acceso a una fuente segura de agua potable». A la espera de los resultados oficiales, parece que se ha conseguido el objetivo respecto del agua potable y que se ha quedado muy lejos en el fijado para el saneamiento. Los habitantes y las administraciones  de los países desarrollados tenemos la obligación y la necesidad de ayudar a los países en desarrollo a superar esas situaciones. Ellas son la causa principal de epidemias como la malaria o el ébola, de escenarios de miseria generalizada y, en último extremo, de la trágica emigración de los jóvenes hacia Europa.

Pero Naciones Unidas también ha advertido a los países desarrollados sobre la necesidad de una correcta gestión de los recursos hídricos que serán cada vez más escasos como resultado del cambio climático, el aumento de la población mundial y la creciente demanda de alimentos. En el planeta hay 900 millones de habitantes subalimentados y requieren suministros que les saquen de esa situación. En buena parte, aunque no solo, se deben obtener de un incremento de las producciones agrícolas y ganaderas lo que implica necesariamente una gran cantidad de agua disponible. A este respecto debe recordarse que se necesitan entre 2.000 y 5.000 litros de agua (huella hídrica) para la producción de la dieta alimentaria por persona y día. Según la Oficina de Protección al Medioambiente USA, la huella hídrica de un pollo es de 1.500 litros de agua, la de un huevo es de 450 litros y la de una naranja es de 52 litros, por citar sólo algunos ejemplos.

En esa dimensión debe ser valorado el gran esfuerzo llevado a cabo por la agricultura leonesa durante los últimos diez años con la modernización de importantes regadíos tradicionales. Las más de 45.000 hectáreas provinciales involucradas en la modernización ahorrarán más de 100 hectómetros cúbicos de agua, varias veces la capacidad del embalse de Villameca. Cuando, dentro de unos años, esté finalizada la red secundaria pendiente en 33.000 hectáreas de Payuelos, se producirá un ahorro total de otros 30 hectómetros cúbicos (30 millones de metros cúbicos), porque miles de ellas están regando actualmente en precario, con agua que discurre por arroyos y acequias en tierra, con grandes e inevitables pérdidas respecto de las necesidades de las plantas.

Este ahorro de agua conlleva un incremento considerable de productividad y rentabilidad de los cultivos a la vez que mejora la calidad de vida de los agricultores, pero también supone aumentar la disponibilidad de un recurso muy escaso en el mundo como es el agua de calidad. El ahorro que están consiguiendo los agricultores leoneses libera agua para consumo urbano, para usos industriales, para caudales ecológicos y también para elevar la producción de alimentos. En definitiva significa más agua disponible para hoy y para el futuro. Porque sin agua no hay desarrollo sostenible, en realidad no hay futuro.

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