CORNADA DE LOBO
Cuidadín
Tengo que tener necesariamente aburrida a la parroquia con la carraca semanasantera que suelen brindar estas señalizadas fechas... y los cofrades lo tomarán por abominable penitencia, lo entiendo, pero es mortificación debida y alego en mi descargo ser tambien su paciente penitente, como tantos más en esta y toda ciudad, supongo... y que ¡pa carraca, la suya!, carracón que no enfada, ni se protesta, ni se burla, gozando además de toda suerte de medios y despliegue de medios, porque mira tú que se jalea con cascadas de retórica manida, piropo mutuo hecho globo... y muchos adjetivos huecos: contenida emoción, vibrante fervor, fe sentida... y aplausos, esa también abominable moda sevillí que las maris horteras que viajaban con el Inserso consiguieron ir colando aquí al paso de los pasos en unas procesiones que llevaban ocho siglos sin levantar la voz más del susurro y que sólo rompían unos turutas, dos tamboriles y un timbal tocando a muerto o a De profundis... después, mucho después, añadieron a la procesión la banda municipal con marchas fúnebres, solemnes, sosegadas... tampoco les valió y aquí yacen sepultadas bajo las marchas trepidantes que copian de la academia militar de Westpoint por su cara bendita para atornillarlas a la oreja del papón, del peón de acera y de todo aquel al alcance de sus decibelios en un radio de legua y media... joder, qué cruz.
Y qué misma matraca.
Si al menos tocaran algo de Bach...
Lo malo es que el folclore que excita este barullo nacional de cofradía, disfraz y cortejo es aún más contagioso que el mercadillo medieval o las batallitas romanas, es decir, ya no hay pueblo que no quiera montar sus cofradías y pasear sus Cristos. Es fácil: unos rasos de colorines, cornetillas, santos de palo, jaculatorias muertas hace siglos, pitos... y ritos baratejos o malcopiados de la capital y de la tele... cuidadín.
¿Y por qué la Iglesia no detiene tanta invasión grosera en su liturgia ni el circo social que atrae la cosa?... ¿les vale con llenar los templos esos días de gente que no verá el resto del año?... y aquí es donde el coro entona su conocida antífona: «De la alforja hasta el jumento, todo es bueno pal convento».