Ponferrada

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El tiempo pasaba y nadie dejaba de aplaudir. Un minuto. Dos. Cinco minutos. Los palmeros estaban al borde del agotamiento, acalambrados, y ninguno se atrevía a ser el primero, el valiente que bajara las manos.

Lo cuenta Aleksandr Sholzhenitsyn en Archipiélago Gulag y la anécdota es tan jugosa que ha inspirado textos y novelas —la última Violín negro en orquesta roja, de Javier Pérez— y conviene recordarla ahora, en campaña electoral; un tiempo donde se confunde el periodismo con las relaciones públicas.

Ocurrió que durante una reunión del Partido Comunista en un distrito de Moscú, en medio de las purgas estalinistas de los años treinta, el nuevo secretario local propuso cerrar el encuentro con una resolución de fidelidad al camarada Stalin. Y todos se pusieron en pie y estallaron en aplausos.

Cuenta Sholzhenitsyn que los aplausos desembocaron en una ovación atronadora. Y pasó un minuto. Dos. Tres minutos. La palmas comenzaron a doler. Los brazos se entumecieron. Pero el secretario no se atrevía a interrumpir aquel aplauso interminable desde la tribuna, atemorizado porque a su antecesor lo habían detenido, acusado de desviarse del pensamiento único.

Pasaron cinco minutos. Y los miembros de la policía secreta que se encontraban en la sala también aplaudían y miraban de soslayo a los asistentes para ver quién quedaba en evidencia. Era una locura colectiva, los jefes el partido parecían dispuestos aplaudir hasta que los sacaran en camilla, escribe Sholzhenitsyn.

A los diez minutos, el director de la fábrica de papel, desesperado, buscó con la mirada al secretario local desde la mesa de presidencia. Pero el secretario no vacilaba y fingía un fervor que no sentía.

Hasta que el minuto once, el responsable de la papelera, que siempre había sido un hombre con criterio propio, se decidió a acabar con aquella estupidez, detuvo las palmas con aire diligente y se dejó caer en el asiento. Entonces se produjo el milagro. Los aplausos cesaron de repente y todos se sentaron, aliviados.

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El director de la fábrica, claro, fue arrestado aquella misma noche.