Diario de León
Cristina Fanjul
León

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No sé si alguien se ha sorprendido de que ahora haya aparecido una tuerca en el puré que sirve Serunión a los niños de la comunidad. A mí, desde luego, no me extraña nada. Ya se sabe que lo primero es el negocio, que la salud de los nenes tampoco es para tanto, para los que quedan (niños, no tuercas), y además lo que no mata, engorda y estamos en crisis, que vayan practicando, que no todo el monte es orégano. En esas estamos, y eso que faltan tres días para las elecciones, que el consejero se ha dignado a decir que los de la empresa tienen que presentar informes y tal, que si no, de qué, aquí paz y después gloria, que el hierro es muy sano, aunque salga el enlace de la cosa y sugiera, sin decirlo, que puede que fuera una mano negra la que introdujera en el caldo la herramienta, ¿y los purés ácidos? Bah, lo importante es que están libres de patógenos, que no son venenosos, vamos, que qué queréis por diez euros, ¿el menú singularis? pues no, eso lo dejan para los clientes vip, como los de la Junta de Castilla, que la pela es la pela y, además, los responsables políticos no tienen ídem, ni política ni penal, es lo bueno de vivir en una gran democracia como España, que aquí nada es para tanto, ni siquiera la salud de los niños.

Así que en esas estamos, en larvas de gusanos en la sopa, tuercas, alubias hinchadas, purés ácidos, trozos de cuchillas, y sale el responsable y se queda tan fresco, que ahora que llega el calor no hay que ponerse estupendo, así que se vuelve a repetir que se harán controles, aunque ya no se habla de sancionar a nadie, que, total, ¿alguien cree que a una empresa que factura 400 millones de euros le hace pupa una multa de cien mil?

Ahora, que lo peor no es el comportamiento de la Junta. A estas alturas, ya nadie cree que un político esté a algo más que a su propio interés. Lo realmente escandaloso es el silencio de los corderos, el nuestro, que deberíamos defender nuestros derechos y preferimos no molestar demasiado. Estamos en una sociedad en la que los niños no se pueden defender. Y, sin embargo, pagamos multitud de instituciones, de esas con las que el poder ata servidumbres, que ya deberían haber puesto el grito en el cielo. ¿Dónde están? Callados. Pero ellos cobran por su silencio. Nosotros, no. Ayer leí a Raquel Lanseros en twitter. Decía que quien se conforma con la sombra, deja de merecer la luz.

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