CUARTO CRECIENTE
Mordazas
Si le echan un vistazo a los periódicos estos días se encontrarán con noticias inquietantes para la libertad de expresión y la difusión de la cultura.
Dos cantantes con esparadrapo en la boca denuncian que el sector que mejor define nuestra identidad está amordazado por un impuesto. El IVA del 21 por ciento ha convertido al teatro, la música o el cine, mimados por otros gobiernos y sin respuestas ante la piratería, en un perro flaco con pulgas.
Un músico provocador, enfant terrible del hip hop, ha sido detenido, acusado de enaltecer el terrorismo por escribir en su perfil de twitter comentarios ofensivos y de evidente mal gusto que hasta ahora no eran delito. El nombre que le han puesto a la redada que le ha dado ‘caza’ en las redes sociales, Operación Araña, anima a deducir que los arrestados tienen la consideración de insectos para quienes han diseñado la intervención.
Una periodista y escritora, que se ha metido en política para cambiar las cosas, afirma que Hacienda le ha arruinado la vida después de ganar uno de los premios mejor dotados en el mercado del libro. Igual que le ha pasado a otros autores que pagan sus impuestos como autónomos y escriben novelas en su casa, la Agencia Tributaria le ha obligado a devolver gastos relacionados con su profesión que hasta ahora desgravaban —luz, teléfono, documentación, Internet, viajes promocionales— y le ha impuesto una multa escalofriante. «Ha sido un calvario», reconoce la afectada, que iba a construirse una casa con el dinero del premio y vuelve vivir de alquiler. Mientras tanto, los inspectores fiscales se siguen quejando porque no se investiga lo suficiente a los grandes defraudadores.
Y dentro de unos días, cuando entre en vigor la llamada Ley Mordaza, una norma creada para que la gente deje de protestar en la calle, los fotoperiodistas se arriesgarán a sufrir sanciones millonarias si captan la imagen de un policía. De aplicarse a rajatabla, en España será imposible difundir pruebas de abusos policiales. De ahí a que el globo sonda del ministro Catalá —partidario de castigar a los periódicos que publiquen filtraciones judiciales— se convierta en realidad sólo hay una línea muy fina que estamos a punto de traspasar. Se llama censura.