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juan carlos franco
León

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Y a lo decía Alejandro Sanz, No es lo mismo ser que estar. Eso mismo es lo que deben estar pensando aquellos alcaldables a quienes las elecciones del pasado 24 de mayo los dejó en ese limbo de la negociación como aspirantes a ser. Estar se supone que estarán casi todos, pues para eso dieron el paso el frente en su día, y con lo contrario quedaría muy a las claras su mal perder y peor vocación de ayuda a ese bien común del que siempre alardean nuestros políticos. Una defensa del interés general que perfectamente se puede desempeñar desde la bancada de la oposición (si has perdido, ajo y agua, que para eso me pediste el voto, y ahora debes ser tú quien me represente). Ser, a lo que aspiran casi todos, sólo podrá serlo uno (dos a lo sumo a lo largo de los próximos cuatro años).

Y como no es lo mismo ser que estar, intento ponerme en su piel de los que ansían ser. Me los imagino presos de los nervios, a menos de veinticuatro horas para que llegue el momento de la verdad. Todavía dándole vueltas a cuándo perdieron el contacto con la calle. Los veo, algunos ya resignados mientras en la acera de enfrente ya han puesto a la venta la piel del oso. Haciendo números, en algunos casos hasta quebrados, o realizando las últimas llamadas para torcer voluntades o realizar ofertas a la desesperada con tal de cambiar su destino personal o aplazar su funeral (político). Incluso vendiendo su alma al diablo (o lo que es peor, al que hasta el día 24 era su enemigo irreconciliable). Todo con tal de intentar evitar lo irremediable.

Porque para alguno, este día 13 será el principio de su nueva vida. Su vuelta a la tierra. Volverá a sentir la realidad de los días golpeándole la cara. Experimentará en sus carnes que vivir, (y más en estos tiempos) es lo más peligroso que tiene la vida. Y que la burbuja en la que han estado dos, cuatro, ocho o más años, ha sido su perdición. Tendrán toda la vida por delante para arrepentirse de sus pecados, y quién sabe, si sacan algo en claro, puede que hasta la vida les dé otra oportunidad. Habrá alguno que se salve de la quema, y el tiempo nos dirá si aprendió algo de esta lección. Pero no adelantemos los acontecimientos.

Dejémosles con sus 24 horas para realizar los últimos intentos para recibir el indulto. La cuchilla aguarda para dictar sentencia. Serán conscientes de ello a partir del día 14, cuando su teléfono móvil enmudezca.

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