Diario de León
Carlos Frá
León

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P ocos análisis hay tan clarividentes sobre la sopa de letras generada el pasado 24M como el ofrecido por el líder de una de esas nuevas formaciones. «Ciudadanos será el Gran Hermano...», anuncia Albert Rivera, quizá como proclamación de intenciones y deseos, o también conocedor de la realidad de quienes integran sus listas y que en demasiados casos recuerdan a los personajes que han pasado por el programa televisivo del mismo nombre y que tantas horas de gloria ha dado a la pequeña pantalla con todo tipo de frikis y buscavidas...

Lo que se planteó como regeneración evoluciona hacia una degeneración siguiendo los pasos de los que a estas alturas vuelven a los imperativos legales porque tienen duda de que esto sea una democracia a pesar de que ellos mismos la exprimen al máximo al realizar ese tipo de pantomimas de cara a la grada.

Ayer se cumplieron 38 años de las primeras elecciones tras el final de la dictadura. No se pueden calificar de democráticas plenamente porque aún no se había aprobado la Constitución. Pero sí llama la atención que constituyeron una cámara en la que se sentaron personas tan opuestas como Blas Piñar, Fraga, Pasionaria o Rafael Alberti, y lo hicieron entre los aplausos de unos y otros. Pero ahora lo que se lleva son las pitadas. Alguien la empieza y poco a poco va creciendo la ola sin que al final queden claras las razones. Y si no que se lo pregunten a Piqué, que se habrá vuelto auténticamente loco si ha leído todas las posibles interpretaciones dadas a lo ocurrido en el Reino de León.

Las pitadas tienen mucho de feria, pero por aquello de que cada uno la cuenta según le fue. Los mismos que pitaban hasta la saciedad a Zapatero cuando era presidente del Gobierno en pleno homenaje a la bandera de España el Día de las Fuerzas Armadas lo ven ahora como algo intolerable si se trata del himno y el rey en un acto futbolero. Y quienes criticaban entonces la escena sufrida por el penúltimo presidente ven ahora un pleno ejercicio de democracia lo del Camp Nou.

Quizá es que han cambiado las cosas desde aquel 15 de junio de 1977. Entonces se miraba hacia el fondo y hoy al espectáculo. Ese ‘gran hermano’ que en realidad más parece un ‘supervivientes’ de quienes se abren hueco a codazos como si esto fuese una isla desierta. De todo lo visto y oído en los últimos días me quedo con la solución para el problema de la casta: poner sueldo a los diputados autonómicos.

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